A disfrutarlo!!!
Final del Acto I de Walkiria con Jerusalem en Madrid:
Final de Lohengrin con Domingo (1985)
El final de Salome en Tokyo:
Un lugar para la ópera y algo de oriente...
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A disfrutarlo que Daniels está increible!!!
Según Friedrich, el problema de Tannhäuser era el de mantener su creatividad y su integridad, en una situación en la que, por una parte, deseaba preservar su libertad, y por otra, se veía en la necesidad de establecer esa relación con la sociedad que el artista necesita para transmitir su mensaje. La ópera narraba la vieja, pero siempre nueva historia, del artista al que se considera un marginado por que no se somete a la moral social imperante. Como tal era una autobiografía, Friedrich apuntaba en un ensayo en el Programa del Festival, no solamente de Wagner como artista, sino también de Wagner como rebelde político en 1849.
Tal como fue representada en 1972, Tannhäuser era, según palabras del mismo Friedrich, una parábola del “viaje de un artista por los mundos subjetivos y objetivos, en busca de si mismo”. El viaje le llevaba de un “paraíso artificial” simbolizado por el Venusberg, a un mundo de coacción ideológica y de opresión social, simbolizado por el Wartburg y Roma (morales dominantes). La auto realización no era posible ni en el uno y en ni el otro. Sin embargo “la grandeza tanto histórica como actual de Tannhäuser, se hallaba para Friedrich en que, merced a esta lucha, llegaba a comprender que el artista solamente puede realizarse comunicándose con la sociedad”.
En esta versión, el amor humano y divino no eran contemplados como una antítesis sino como las dos cara de la misma moneda, por primera vez Venus y Elisabeth eran interpretados por la misma cantante, con lo que conllevaba eso. Elisabeth no moría como una santa, sino como una criatura envejecida, rota y abandonada. Aunque Friedrich no introdujo ningún cambio en la ortodoxa visión del Wartburg, sí lo hizo en el personajes de Tannhäuser al que dotó de una nueva dimensión crítica. Al final el héroe no moría como un pecador redimido sino como un hombre cuya tragedia residía en su fracaso por no haber logrado hallar la forma de “comprometerse”. Y al igual que hizo una nueva lectura de la religión, también reinterpretó el concepto de redención. Friedrich esperaba que el mensaje que transmitiese la representación a un público de finales del siglo veinte era él de que un credo de tolerancia social debería sustituir a la antigua fe en los milagros.
La profunda novedad de su concepción fue evidente desde el primer momento ya que el telón se abría con las primeras notas de la obertura que, por primera vez, también era representada. Se veía a Tannhäuser huyendo del mundo real de Wartburg al mundo de fantasía del Venusberg. La Bacanal era una fantasía, una pesadilla sexual sadomasoquista entre muertos y depravados, demostrando con ello que los excesos sexuales conducen inevitablemente a la barbarie, a la crueldad y a la muerte. El decorado para esta escena era austero, misterioso, amenazador y feo.
La sala del concurso de canto era una imponente tribuna desnuda formada por una empinada rampa de quince escalones que simbolizaba una sociedad dominante y jerárquica a la que era muy difícil acceder y, también, la fatal caída que podía sufrir el que era expulsado de ella. Era una clara metáfora de lo que había sucedido con todos aquellos artistas que durante el Tercer Reich habían sido ensalzados cuando apoyaron al régimen y después, cuando lo rechazaron, habían sido condenados al exilio o deportados a campos de concentración. Aunque el tercer acto tenía una puesta en escena de aterradora desolación, concluía con lo que Friedrich consideraba una llamada a la comprensión para aquellos que abandonan la comodidad y el conformismo en pos de la búsqueda, no de la fe, sino de la verdad.
Wolfgang esperaba que fuera un exito y un canto a la modernidad como lo que hacía su hermano años antes en la Colina Verde, pero lo único que consiguió fue una gran serie de protestas e incluso amenazas de muerte. Desde el estreno de Tannhäuser en París en 1861, ninguna obra de Wagner había provocado tanto escándalo. En aquella ocasión la protesta procedió de unos pocos, en esta, de todo el auditorio. Los críticos musicales, incluso aquellos que habían entendido su significado, se quejaron menos de la interpretación que se había hecho de la ópera que de la dirección de escena, la extravagante coreografía, los fríos decorados y sobre todo, del provocativo vestuario. El uniforme del Landgrave se parecía de forma sospechosa al de las tropas de asalto del Tercer Reich, y el de los peregrinos volviendo de Roma, al del oprimido proletariado regresando de trabajar en la fábrica. Este vestuario transformaba Tannhäuser en la ópera de una sociedad bélica, repleta de policía totalitaria, en la ópera de la rebelión del artista contra el régimen socialista.
La representación escandalizó a la burguesía alemana. Pocas veces en la historia del teatro se había producido en la escena un caso similar de la vida imitando al arte, tan perfecta translación al auditorio de lo que estaba ocurriendo en escena. Friedrich aquella tarde se había transformado en Tannhäuser y la clase dirigente alemana que asistió en 1972 a la representación, en los nobles de Turingia del siglo trece. Friedrich fue acusado de ser “un rojo peligroso” que constituía una amenaza para la República Federal de Alemania y que debía ser enviado de vuelta sin perdida de tiempo a Alemania Oriental. Algunos le acusaron de haber transformado la ópera en un panfleto comunista contra el nazismo, otros de utilizarla para proclamar el triunfo de los pobres sobre los ricos. Un reportero del New York Times escuchó a algunos miembros del auditorio gritar “venganza” y vio como una señora de edad avanzada agitaba el bolso sobre su cabeza con gesto de lanzarlo contra Friedrich”.
En el caso este se daba una gran paradoja, que era que Friedrich, el supuesto propagandista de izquierdas, había sido durante toda su carrera un luchador empedernido contra la opresión ideológica del régimen comunista en Alemania Oriental...
- ¿Les gusta más Wagner estilizado en escena, que antes?
- Antes era muy pesado llevar tanta indumentaria encima -contesta él.
- De acuerdo -aprueba ella.
- ¿Es difícil Wagner?
- Sí, "Sigfrido" me costó tres meses aprenderlo.
- Lo mismo que a mí "Isolda".
- ¿Lo más fácil?
- En Wagner no hay nada fácil -dice ella.
- Sí -rectifica él-; "El holandés errante" lo aprendí en tres semanas.
- ¿Han encontrado diferencia entre Bayreuth y Barcelona?
- Bayreuth es cantar en la Patria.
- Esto no es contestar la pregunta. ¿Y Barcelona qué es?
- Un público muy interesante; Bayreuth es internacional, son cosas distintas.
- ¿No han ido a América?
- No; en Europa hay mucho que hacer todavía -habla él.
- Tenemos muchos ofrecimientos -declara ella.
- ¿Creen que en América no hay afición por Wagner?
- La música de Wagner, allá es muy admirada; no sabemos si gustaríamos nosotros -ha contestado él tras consultar a ella.
- ¿Qué juicio les merece Wagner?
- Es el primero -afirma él.
- Después los demás -corrobora ella.
- Usted -pregunto a Wolfgang- es hijo del tenor heroico Fritz Windgassen; ¿es mejor que su padre?
- Que conteste Martha.
- Sí -contesta rápida-, Wolfgang.
- ¿Son ustedes capaces de distraerse con música ligera?
- Y hasta bailarla, si tiene ritmo -confiere ella.
- No me los imagino marcando un chotis.
-¿Chotis? -inquieren
Larga e inútil explicación por parte mía; sus conocimientos no pasan del vals...
- ¿Lo peor de Wagner?
- El esfuerzo para interpretar sus obras, por su profundidad y dimensiones.
- ¿Quedan rendidos?
- Yo he llegado a perder en una noche, haciendo "Sigfrido", tres kilogramos.
- Y yo, uno y medio, en "Isolda"; eso es Wagner.
- Lo que hace sudar...
LA VANGUARDIA ESPAÑOLA
28-IV-1955, p. 7
Musicalmente esta AIDA se antoja un poquitín rara, porque cuenta con un reparto bastante extraño para oír un Verdi. Por orden de aparición Josef Greindl hace un Ramfis al estilo Hagen o Hunding, altamente imponente que cumple con su obligación. El Radames de Jess Thomas, no tiene nada de italiano, no esperemos oír a un Pippo a la italiana porque no. Es otra concepción, mucho más cerca de Lohengrin o Siegmund, pero que demuestra que también tiene sentimientos. La Aida de Gloria Davy es muy interesante, amen de cumplir la condición de ser negra y poseer un vozarrón impresionante, es buena actriz y se cree mucho el papel, se nota la mano de Wieland detrás…Amneris por Christa Ludwig es una expresión brutal, ahora es una Ortrud pero con algo de sentimientos, vocalmente está increíble. El rey de Tomislav Nerelic, es discreto. Del mensajero y la sacerdotisa interpretados respectivamente por Donald Grobe y Siegliende Wagner, se mueven en la normalidad. Y por último Amonarso es Walter Berry, quien defiende un rol fiero, también más próximo a Telramund que a un Amonarso tradicional. Por último disciplinadisimos los conjuntos estables de la Deutsche Oper de Berlin, bajo las ordenes de Böhm. Éste traza una Aida, muy distinta centrada en una estética mucho más ruda, sin preciosismos encajando fabulosamente con la idea de Wieland, AIDA es un drama prehistórico, en la que los valores universales siguen intactos.
AIDA
Verdi
Deutsche Oper Berlin 29-Sept-1961
Dirigent -- Karl Böhm
Regie—Wieland Wagner
Aida – Gloria Davy
Amneris – Christa Ludwig
Radames – Jess Thomas
Amonasro – Walter Berry
Ramphis – Josef Greindl
König – Tomislav Neralic
Bote – Donald Grobe
Prietsterin – Sieglinde Wagner
Para que entendáis la importancia de la producción y lo que produjo os pongo un fragmento del libro de Spotts sobre Bayreuth:
Wieland se encontraba en la cúspide de su madurez artística y totalmente convencido de su misión cuando decidió montar de nuevo los Maestros en 1963. Sí en la versión anterior había maestros pero no aparecía Nuremberg, en esta nueva versión no había ni Nuremberg, ni maestros. La representación nos mostró a Wieland en su talante más ecléctico ya que se inspiró en Shakespeare, Brecht y Bruegel. Introdujo sorprendentes innovaciones; el coro por ejemplo, era ahora un conjunto de individualidades que se movía con la falta de coordinación típica de las multitudes. La producción fue un intento de realismo y al mismo tiempo un ensayo de parodia. Fue sin lugar a dudas de todas las representaciones habidas de la ópera, la más cercana a la vida real del auténtico Nuremberg del siglo dieciséis.
Wieland borró los últimos restos de una aproximación tradicional a la obra. Los tres actos se desarrollaban en el interior de un teatro de la época de Isabel I de Inglaterra, con galerías de madera que rodeaban un escenario y un suelo también de madera. No había ni iglesia, ni escuela de canto, ni calle de Nuremberg, ni zapatería, ni menos una pradera. El taller de Sachs era un puesto de venta ambulante de zapatos y Sachs era mas un poeta desarrapado que un comerciante patricio. Los maestros cantores, según dijo un crítico, parecían “un orfeón de paletos pueblerinos” y los aprendices “sucios golfillos”. La pelea de la noche de San Juan fue un tumulto atroz que concluía con el Sereno tropezando con los cuerpos de los caídos en la pelea. La gran escena festiva en la pradera fue más una manifestación incontrolada de vulgaridad terrena que una ocasión solemne para reverenciar el arte alemán. Nada irritaba más Wieland que la tradicional ceremonia de entrada de los maestros por que le recordaba los desfiles del partido Nazi, por ello, como en su versión anterior de la obra, eliminó el desfile de los gremios. Con su sutil escabechina de las vacas sagradas alemanas esta fue una de las más revolucionarias producciones de Wieland. Desde luego fue la más controvertida y la más abucheada en la historia del Festival.
Además de considerar que “esta vez ha ido demasiado lejos”, los tradicionalistas sospechaban que las intenciones de Wieland eran escandalizar con el único motivo de atraer la atención del público y así vender más localidades. Esta acusación era injusta y enfureció a Wieland sobremanera. Pero a Wieland le gustaba escandalizar y esto formaba parte de sus planes que estaban destinados a obligar a los espectadores a aceptar las óperas de su abuelo de una forma distinta a la tradicional. Por ello cuando estrenó su nuevo Anillo en 1965, las expectativas que suscitó fueron tan altas que la presencia de la crítica fue la más nutrida en un acontecimiento musical después de la guerra a excepción, posiblemente, de la reapertura de la Wiener Staatsoper diez años antes.
(Spotts, Frederic: Bayreuth: una historia del Festival Wagner Yale University Press. New Haven and London, 1994)
La versión musicalmente hablando como había dicho está encabezada por Karl Böhm quien traza unos maestros interesantes, huyendo de la solemnidad que caracterizaba a Kna o Fürtwangler, y enmarcandose en el trazo de Cluytens y en la orbita anti-nacionalista de Wieland. Son unos maestros pordioseros y groseros como el pueblo de Nürnberg, no hay nada de solemne en los artesanos. Sachs está encomendado a Josef Greindl, zapatero remendón clásico en el festival desde que abandonara tras la premiere Hotter el papel y tras la intentona poco gratificante de Neidlinger en el 59. Walther es en esta ocasión Szandor Konya, gran tenor hungaro y considerado uno de los mejores líricos wagnerianos de todos los tiempos, gran elegancia y una voz purísima, pero sin llegar al nivelazo actoral de Wolfgang Windgassen en el 56, 60, 61 y 63. David corre a cargo de Erwin Wohlfahrt magnífico histrion, aunque el recuerdo de Stolze en la primera producción de Wieland es inevitable. Beckmesser es Carlos Alexander, quizás le falta un poco de bis cómica, pero lo que es cantar lo cumple. La “ñoña” de Eva corre a cargo de Anja Silja, prometedora soprano todoterreno entonces, que ya había sorprendido debutando Senta a los 20 años y grabando con 22 uno de los Tannhäuser de referencias sustituyendo a Victoria de los Angeles. Aquí Eva no es tan tonta, sino que posee la picaresca que le aporta el rol por la gracia de Wieland Wagner. Unos secundarios de lujos entre los que se cuentan el Eisslinger de Gunther Treptow, el Nachtigall de Gerd Nienstedt o el Ortel de Zoltan Kelemen. Los “Pitzianer” están gloriosos y anarquicos como pedía Wieland. Otra de esas noches para haberlas visto “in-situ”.
Meistersinger, Bayreuth
July 20, 1964:
Sachs: Josef Greindl
Pogner: Kurt Böhme
Kothner: Gustav Neidlinger
Beckmesser: Carlos Alexander
Nachtigall: Gerd Nienstedt
Zorn: Stefan Schwer
Vogelgesang: Ticho Parly
Eisslinger: Gunther Treptow
Moser: Hermann Winkler
Ortel: Zoltan Kelemen
Schwartz: Fritz Linke
Foltz: Ralph Telasko
Stolzing: Sandor Konya
David: Erwin Wohlfahrt
Eva: Anja Silja
Magdalene: Ruth Hesse
Nachtwächter: Heinz Hagenau
Bayreuther Festspiele
Karl Bohm
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Espero que los disfruteís tanto como yo y ya sabeís,sed buenos, bajaros mucha música y a escuchar mucha, mucha ópera, ah y mañana habrá más…
Entre los extractos que se ofrecen se encuentran el concertante “Si la Rigueur”, en el que Brogny perdona a Eleazar, pero éste no se deja perdonar. La impresionante plegaria “Dieu de nos peres” emotivisima y magistralmente cantada por Richard Tucker. El “Lorsqu´´a toi" que canan Leopold y Rachel. ”Mon doux seigneur et maitre” que canta Eudoxi antes que se desarrolle toda la tragedia. “Vous qui du Dieu vivant”, el inicio de toda la tragedia con un terceto entre Brogny, Eleazar y Rachel. El dueto “Ah, que ma voix plaintive” entre Rachel y Eudoxie, en el que Rachel cede para que no condenen a Leopold. La siguiente pista para mi es la mejor aria de la ópera “Rachel, quand du Seigneur”, en la Eleazar magistralmente trazado por Tucker tiene que decidir entre su hijastra y su religión, un autentico dilema moral y un canto al sacrificio más profundo. Esta selección termina con el impresionante final en el que Eleazar y Rachel son condenados a morir en agua hirviendo, pudiendo salvarse Rachel ella decide que debe pertenecer junto a su padre y su dios, y justo cuando ella se introduce en el suplicio, Eleazar revela que no es su hija sino la de Broigny.
Jacques Fromental Halévy
LA JUIVE – Excerpts
RCA - LP ARL 1-0447 - Stereo
Recorded in 1974
Ambrosian Opera Chorus / John McCarthy
New Philharmonia Orchestra
Conducted by Antonio De Almeida
Princess Eudoxia - Anna Moffo, Soprano (No. 1, 4, 6)
Rachel - Martina Arroyo, Soprano (No. 1-3, 5,6,8)
Eléazar - Richard Tucker, Tenor (No.1,2,5,7-8)
Cardinal Brogny - Bonaldo Giaiotti, Bass (No.1, 5)
Léopold - Juan Sabaté, Tenor (No.3)
Ruggiero - Leslie Fyson, Baritone
1) Si la riguer (Act 1)
2) O Dieu de nos peres (Act 2)
3) Duet: Lorsqu´´a toi (Act 2)
4) Bolero: Mon doux seigneur et maitre (Act 3)
5) Vous qui du Dieu vivant (Act 3)
6) Duet: Ah, que ma voix plaintive (Act 4)
7) Va prononcer ma mort ... Rachel, quand du Seigneur (Act 4)
8) Finale: Il est temps (Act 5)
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Una gran ópera que espero que disfruteis tanto como yo. Bueno mañana bienvenida al cónsul Sharpless, que viene a mis dominios, ya contaremos que tal el día, en el que me quiere italianizar y yo wagnerizarlo a él ¿Quién ganará? Se admiten apuestas. Sed buenos y que no se os meta ningún Leopold en casa, juas, juas, juas…