jueves, 23 de julio de 2009
Intro a "Fidi" (1)
jueves, 16 de julio de 2009
martes, 5 de agosto de 2008
La Bronca del 78...
Queridos lectores por fín sale en DVD una de las joyas de la escena europea de la última mitad del siglo XX, el Tannhäuser que dirigió en Bayreuth el gran Götz Friedrich y que supuso uno de los mayores escandalos de Bayreuth. Hay que señalar que ya había circulado primero en VHS y Laser-Disc, y luego en pirata por muchos lugares (así conseguí yo las dos copias, una de un ripeo de la TV italiana y el otro un Ripeo del LD que editó PHILLIPS). Friedrich recurrió a la versión "Bayreuth" que preparó Wieland (osea versión de Paris con el torneo de canto integro) y contó con la ayuda del coreografo John Neumeier para hacer una de las bacanales más sui-generis y llenas de erotismo de la historia de Bayreuth. Los frios decorados de Jürgen Rose encajaban perfectamente en la estética que quería transmitir el gran Friedrich.
La representación escandalizó a la burguesía alemana. Pocas veces en la historia del teatro se había producido en la escena un caso similar de la vida imitando al arte, tan perfecta translación al auditorio de lo que estaba ocurriendo en escena. Friedrich aquella tarde se había transformado en Tannhäuser y la clase dirigente alemana que asistió en 1972 a la representación, en los nobles de Turingia del siglo trece. Friedrich fue acusado de ser “un rojo peligroso” que constituía una amenaza para la República Federal de Alemania y que debía ser enviado de vuelta sin perdida de tiempo a Alemania Oriental. Algunos le acusaron de haber transformado la ópera en un panfleto comunista contra el nazismo, otros de utilizarla para proclamar el triunfo de los pobres sobre los ricos. Un reportero del New York Times escuchó a algunos miembros del auditorio gritar “venganza” y vio como una señora de edad avanzada agitaba el bolso sobre su cabeza con gesto de lanzarlo contra Friedrich”.
En el caso este se daba una gran paradoja, que era que Friedrich, el supuesto propagandista de izquierdas, había sido durante toda su carrera un luchador empedernido contra la opresión ideológica del régimen comunista en Alemania Oriental...
De las voces hay que resaltar a la fabulosa Gwyneth Jones haciendo doblete en su esquizofrénico rol de Venus/Elisabeth, a un joven Bern Weikl y a un caracterizadísimo Spass Wenkoff como Tannhäuser. Lo demás carece de importancia al lado del gran Friedrich y su montaje...
Para más info sobre la producción podeis leer el articulo que le dediqué en mi blog a esta representación.
¿Qué os parece?
domingo, 27 de julio de 2008
Los Maestros del maestro Weigle!
Tercera entrega Bayreuthiana que os ofrezco, die Meistersinger von Nürnberg. Atención a Weigle, Vogt y Volle, que están fantasticos!!! Bravo!!!
A disfrutar!!!
DIE MEISTERSINGER VON NÜRNBERG
Besetzung 2008
Dirigent Sebastian Weigle
Inszenierung
Katharina Wagner
Bühnenbild Tilo Steffens
Kostüme Michaela Barth/Tilo Steffens
Dramaturgie Robert Sollich
Chorleitung Eberhard Friedrich
Hans Sachs Franz Hawlata
Veit Pogner Artur Korn
Kunz Vogelgesang Charles Reid
Konrad Nachtigall Rainer Zaun
Sixtus Beckmesser Michael Volle
Fritz Kothner Markus Eiche
Balthasar Zorn Edward Randall
Ulrich Eisslinger Hans-Jürgen Lazar
Augustin Moser Stefan Heibach
Hermann Ortel Martin Snell
Hans Schwarz Andreas Macco
Hans Foltz Diógenes Randes
Walther von Stolzing Klaus Florian Vogt
David Norbert Ernst
Eva Michaela Kaune
Magdalene Carola Guber
Ein Nachtwächter Friedemann Röhlig
27-07-08
http://rapidshare.com/files/132869644/Die_Meistersinger_von_Nuernberg-_Bayreuth_2008-_ACTO1.mp3.001
http://rapidshare.com/files/132875697/Die_Meistersinger_von_Nuernberg-_Bayreuth_2008-_ACTO1.mp3.002
http://rapidshare.com/files/132901829/Die_Meistersinger_von_Nuernberg-_Bayreuth_2008-_ACTO2.mp3
http://rapidshare.com/files/132927238/Die_Meistersinger_von_Nuernberg-_Bayreuth_2008-_ACTO3.mp3.001
http://rapidshare.com/files/132932513/Die_Meistersinger_von_Nuernberg-_Bayreuth_2008-_ACTO3.mp3.002
http://rapidshare.com/files/132939446/Die_Meistersinger_von_Nuernberg-_Bayreuth_2008-_ACTO3.mp3.003
domingo, 4 de mayo de 2008
Katharina Wagner: ¿Que es lo que provoca siempre que anda por un teatro?
domingo, 6 de abril de 2008
Nos acercamos a Tannhäuser (1): Comienzo y la escena con Venus...
domingo, 6 de enero de 2008
¿Qué os han traido los reyes?
Un Händel no podía faltar...
Dos Wagners que tienen muy buena pinta (a pesar de Wolfgang Schmidt en el Ocaso).
Y un Verdi que no esperaba, y que mi padre compró de última hora (por cierto, me ha encantado...) . A parte de esto algunas cosillas variadas, pero que en este blog que no incumben...
domingo, 30 de diciembre de 2007
Unos Maestros Cantores....sin Nürnberg!!!!
La escenografía del primer acto recordaba el arte alemán gótico tardío de una manera encantadora y muy personal. Era realista y funcional pero también muy original y agradable a la vista. Es en el segundo acto cuando las cosas empiezan a cambiar. En lugar de la estrecha calle tradicional, se vió un pequeño espacio en forma de riñón empedrado como una calle, en medio de un escenario vacío, y sobre él, en el aire, sin nada que la una a la tierra una gran bola de hojas y flores ¿una especie de saúco del mundo? –preguntó un crítico del NYTIMES-, que flota en el intenso azul de un cielo de medía noche. Walther y Eva no se pueden esconder “unter den Linden” (bajo el tilo) por que simplement no hay tilo. Hans Sachs, privado de su taller, se sienta en un a pocos metros de distancia de los enamorados. El decorado, aunque no muy práctico, posee sin embargo una belleza impresionante y permite que la magia de la noche de San Juan hechice a los espectadores y les haga evocar el Nuremberg que Wieland evitó representar físicamente. En la época chocó muchísimo la escena final. Habian desaparecido la llanura, los gremios, las trompeterías, los estandartes de colores y el pueblo llegando en botes por el río. Lo que se vió es la sección de un anfiteatro amarillo, con asientos escalonados, desde los cuales el pueblo, vestido de forma idéntica, contempla, como si se tratase de un circo o de un partido de fútbol, las estilizadas danzas que se desarrollan en la pista. Como espectáculo tiene, es indudable, un cierto aséptico esplendor.
El mal humor de los espectadores se fue caldeando de acto en acto. La última escena fue considerada la más ofensiva ya que no aparecía ninguna vista al fondo del “amado” Nuremberg. De aquí el comentario de que Wieland había producido unos “Maestros Cantores sin Nuremberg”. Cuando cayó el telón, el Festspielhaus fue testigo del primer abucheo de su historia. Para los fanáticos wagnerianos y los políticamente conservadores que en su mayoría eran los mismos, la representación había supuesto una parodia de la creación de Wagner. Incluso peor, aquello era una humillación política ya que suponía restregar en las narices a la audiencia qué por razones evidentes, el Nuremberg de los Maestros Cantores ya no existía. El crítico musical del Die Zeit, Walter Abendroth, que en los días del Nacional Socialismo había ensalzado “el imperecedero espíritu germánico” de la producción de los Maestros de 1934, se sintió indignado y escribió en un articulo que fue muy comentado: “¿Quien defenderá a Wagner en Bayreuth?”. El derechista “Partido Alemán” llegó a desenterrar la expresión “arte decadente” para denigrar la representación. El segundo funcionario de más categoría del Ministerio de Justicia de Baviera se quejó de que aquello había ido más allá de los límites de la libertad artística y calificó de escandaloso el que el Festival recibiese apoyo financiero oficial. Pero fue Moritz Klönne, presidente de los Amigos de Bayreuth, el que hizo patente su escándalo en una carta a Wieland. “Bayreuth es un templo de la cultura alemana”, escribió “y los Maestros Cantores la más alemana de la óperas de Wagner. Esto no lo puede usted cambiar con su pretendido “romanticismo internacional”. Aquí se encontraba la prueba, si alguna era necesaria, de que los sentimientos de la vieja guardia no habían variado en un siglo, que nada habían aprendido y que nada habían olvidado. Klönne no se conformaba con esto, también enumeraba un inventario de escenografías tradicionales que los Amigos querían de vuelta en el escenario del Festspielhaus. Si esto no se hacía, continuaba de forma amenazadora, sus lazos con Bayreuth se romperían e irían a cualquier otro lado para tener sus Maestros Cantores. Wieland le replicó, con un desdén sin contemplaciones, que había decidido desde el principio que sí la derecha política y operística querían usar a Bayreuth como su reducto cultural, lo habrían de hacer sometiéndose a sus puntos de vista artísticos. Esta era la clásica “concesión” al viejo estilo de Bayreuth.
R.Wagner
Meistersinger von Nürnberg
Festspielhaus Bayreuth·1956
Director: André Cluytens
Regie: Wieland Wagner
Hans Sachs- Hans Hotter
Veit Pogner- Josef Greindl
Kunz Vogelgesang- Josef Traxel
Konrad Nachtigall- Egmont Koch
Sixtus Beckmesser- Karl Schmitt-Walter
Fritz Kothner- Dietrich Fischer-Dieskau
Balthasar Zorn- Heinz-Günther Zimmermann
Ulrich Eißlinger- Erich Benke
Augustin Moser- Josef Janko
Hermann Ortel- Hans Habietinek
Hans Schwarz- Alexander Fenyves
Hans Foltz- Eugen Fuchs
Walther von Stolzing- Wolfgang Windgassen
Eva- Gré Brouwenstijn
Magdalene- Georgine von Milinkovic
David- Gerhard Stolze
Ein Nachtwächter- Alfons Herwig
Chor und Orchester der Bayreuther Festspiele
http://rapidshare.com/files/79940671/CD1.mp3.html
http://rapidshare.com/files/79948576/CD2.mp3.html
http://rapidshare.com/files/79957652/CD3.mp3.html
http://rapidshare.com/files/79961918/CD4.mp3.html
A disfrutar de una noche de verano tan mágica y con tan buenas voces...
miércoles, 14 de noviembre de 2007
El final de Parsifal a través de los años...
El primer ejemplo es este, Bayreuth, desde 1974 hasta 2003 este Parsifal estuvo vigente en Bayreuth. A mi la producción no acaba de llegarme y la veo un poquitín simplona.
Parsifal 1981
Parsifal 1998
Una versión para clásicos y ortodoxos. Los responsables son Otto Schenk (regie) y Gunther-Schneider Siemmsen (escenografía). Met 1992. Desde 1988 hasta la actualidad.
Deutsche Staatsoper Berlin "Unter den Linden". Versión contemporanea, nihilista y futurista. 1993. Desde 1992 hasta 2002 cuando fue cambiada por la nueva producción de Jürgen Rose. Los responsables Harry Kupfer (regie) y Hans Schavernoch (escenografía)
Dos con Placi. La primera muy bizantina en el Marinsky (1996) y la segunda en Barcelona con regie de Lennhof (2005) [mi preferida]
¿Cual os gusta más? A disfrutarlo y mañana más!!!!
lunes, 12 de noviembre de 2007
Dos joyas de Bayreuth...
Die Meistersinger von Nürnberg 1960
Das Rheingold 1965
A cuidaros, portaos bien y mañana más!!!!
domingo, 4 de noviembre de 2007
Y ahora le toca el turno a Chéreau...
Monologo de Loge · Das Rheingold. Heinz Zednik
Weiche Wotan, Weiche... Das Rheingold ·Ortun Wenkel
Final de Rheingold · Das Rheingold. Heinz Zednik, Keith Engen, Siegfried Jerusalem, Carmen Reppel, Donald McIntyre, Hanna Schawarz.
Escena final, Acto 1 · Die Walküre. Peter Hoffmann-Jeanny Altemeyer
Final del Acto 2 · Die Walküre. Peter Hoffman, Gwyneth Jones, Jeanny Altemeyer, Donald McIntyre, Matti Salminenn.
Die Walkürenrit, Acto III · Die Walküre
Los adioses de Wotan, Acto III · Die Walküre. Gwyneth Jones, Donald McIntyre.
La Forja, Acto I · Siegfried. Heinz Zednik, Manfred Jung.
Murmullos del Bosque, Acto II · Siegfried. Manfred Jung
Escena final de Götterdämmerung, Acto III · Die Götterdämmerung. Gwyneth Jones
¿Qué opinais sobre el trabajo en escena? ¿A que parecen más actores que cantantes?
A disfrutarlo por completo!!!!
jueves, 1 de noviembre de 2007
¿Que tiene el dinosaurio KNA que no tenga el gran Boulez?
Se trata del HERETICO –bienvenidas todas las herejías si son como ésta- anillo de Pierre Boulez y Patrice Cherau. Todo surgió en el año 1974, pues Wolfgang necesitaba alguien para dirigir el Anillo del centenario así que el viejo guardían pensó primero en Ingmar Bergman, después en Peter Brook y, cuando ambos declinaron la oferta, en Peter Stein, el iconoclasta director de teatro berlinés que aceptó pero con la condición de que se prohibiese asistir a las representaciones, al político bávaro conservador, Franz Josef Strauss. Entonces Wolfgang, que ya había contratado a Pierre Boulez como director musical del acontecimiento, a sugerencia del director francés, encomendó la puesta en escena del centenario a Patrice Chéreau, un joven director teatral con muy poca experiencia en el mundo de la ópera, y cuyo único contacto con Wagner había sido el de haberse dormido como un tronco, durante toda una representación de la Walkiria en la Ópera de París en 1972 –Sonnam te sientes identificado?-. Aún así sus conocimientos del mundo de Wagner eran grandes si se comparaban con los del escenógrafo de la proyectada representación, Richard Peduzzi, o de su figurinista, Jaques Schmidt. El Anillo de 1976 sería un acontecimiento de gala que merced al equipo francés también encendería polémicas. Y de hecho se convirtió en la más sensacional producción del ciclo desde su estreno en 1876.
Chéreau sin ideas preconcebidas por otros, pero desbordante de las propias, compensó con imaginación su falta de un conocimiento profundo de la Tetralogía. Como productor Chéreau veía el Anillo como un vehículo inmejorable para que los cantantes mostrasen sus dotes interpretativas a nivel teatral y en función de esto planeó los decorados y toda la dirección de escena que, en esta ocasión fue, sin lugar a duda, el elemento esencial de la representación. Se trataba de una Regietheater como nunca se había hecho con anterioridad en Bayreuth. El drama era concebido, sin mucha originalidad, como una alegoría acerca del poder, de como es utilizado y como puede desembocar en la destrucción. La novedad residió en la escenografía, en el vestuario y dirección teatral ya que por primera vez los personajes no serían dioses, sino seres humanos normales que no vivían en un universo mítico, sino en el que nos rodea a diario. Ahora, lo novedoso se encontraba en que la acción del Anillo de Chéreau no estaba situada en una época indeterminada, sino en una bien determinada, la de finales del siglo diecinueve. Para colmar su herejía no trató la obra como un conjunto unitario, sino como cuatro partes totalmente individualizadas. Y aunque Chéreau negó que hubiese seguido ninguna idea inductora en su concepción del drama, era evidente que había un elemento unificador de todas sus partes, él que aplicó a la obra una crítica social más Shawiana que Marxista. El Oro del Rin, simbolizaba el mundo preindustrial, la Walkiria el naciente capitalismo en el que Hunding era el primer empresario, Siegfried, la revolución industrial del siglo diecinueve y el Ocaso la época del capitalismo pre-fascista de entre guerras.
Pero más que la interpretación de la obra, fueron las innovaciones de su puesta en escena lo que, dicho de una forma suave, atrajo la atención del público. Con gran inteligencia y mayor descaro se abría el telón antes de empezar el preludio y aparecía una enorme presa hidroeléctrica, generadora de una metafórica fuente de energía que era almacenada en forma de oro en su base. El tesoro era guardado por tres fulanas voluptuosas, nacidas para el sexo y más atractivas incluso que el oro, que primero seducían y después rechazaban al mugriento obrero Alberich. En la siguiente escena, la familia Wotan, en un palacio estilo renacimiento y ataviada con trajes de finales del siglo diecinueve, preparaba el traslado a otra vivienda, cuando los dos gigantes más descomunales jamás vistos en Bayreuth llegaban para que les pagasen la deuda que habían contraído con ellos por la construcción de Walhalla. Parte del botín arrebatado a los Nibelungos para saldar la deuda, un anillo, era arrancado de la mano de Alberich por Wotan, demostrando con ello la brutalidad de las transacciones comerciales capitalistas. Al final de la obra Wotan y sus parientes se encaminaban al Walhalla que era una mezcla de una villa de Toscana y de edificio de Wall Street.
La Walkiria no comenzaba ya en la clásica cabaña de Hunding, sino en el patio de un palacio de estilo neoclásico. El poderoso fresno universal estaba en su sitio, pero en un estado mortecino de lamentable de decadencia –símbolo de la destrucción de la naturaleza-, y en él incrustada la espada, esperando que alguien la arrancase de allí. La escena de amor de este acto fue vivida con tal pasión por sus intérpretes que casi rozaba los limites de lo que hoy se califica como una película porno. Bueno en realidad no fue para tanto, solo que Siegmund (Peter Hoffman), se quitaba la camisa y le comía el cuello –y lo que no era el cuello, juas, juas, juas…) a Siegliende (Jeanny Altenmeyer). El segundo acto no comenzaba con Wotan en la cima de una montaña salvaje, sino en su vasto estudio en el Walhalla, cuyo mobiliario se limitaba a una gran espejo de pie, un péndulo de Foucault, suspendido de un techo invisible y un sillón negro. Fricka aparecía vestida con un salto de cama blanco, y Wotan con lanza de la Edad de Bronce en mano, se cubría con un majestuoso batín. En el momento de confiar sus problemas a Brünnhilde, lo hacía mirándola y mirándose en el espejo –metáfora Lacaniana del estadio del espejo el sujeto deja de angustiarse de sumo grado ante la ausencia de la madre -en este caso Erda- pasando a poder regocijarse percibiendose reflejado, y...sobre todo, dotado de unidad corporal, de propio cuerpo (al que identificara con "su" yo),...ya siente placer con su cuerpo sin la directa asistencia de la madre.-, pero tras ser persuadido por Fricka de abandonar a Siegmund, no sintiéndose capaz de ver su propia imagen en el espejo –represion del principio antes sugerido-, con un gesto impresionante, lo cubría con el batín. El tercer acto comenzaba en un decorado de pesadilla, el cementerio de la Walkiria que se perdía momentáneamente en nubes de humo y al que las doncellas guerreras transportaban a los héroes muertos en carros arrastrados por auténticos caballos. En la escena final, las paredes del cementerio se abrían para mostrar lo que según Chéreau pretendía ser un glaciar y al publico le pareció una pirámide Azteca. Allí era depositado el cuerpo dormido de Brünnhilde.
Las sorpresas continuaron en Siegfried. Mime habitaba en una sala en la que se veía un gigantesco yunque de la era espacial y una maleta estropeada con la que se disponía a huir de su ruidoso pupilo. En el segundo acto Fafner era un enorme dragón de juguete sobre ruedas empujado por un tramoyista, tras ser herido por Siegfried, recobraba su forma original de gigante y así expiraba. Siegfried no narraba sus sueños en un tupido bosque sino en un bosquecillo pelado en el que el pájaro que le conduciría a Brünnhilde, estaba encerrado en una jaula . El primer acto del Ocaso comenzaba en la roca de Brünnhilde y continuaba en la gran sala del palacio de los Gibijungos, que era un muelle con columnas clásicas, amueblada exclusivamente con una silla de estilo “modernista” que servía de trono a Gunther. Este aparecía vestido con un traje de tarde negro y Gutrune con un traje de noche contemporáneo confeccionado, seguramente, en el taller del más conocido modisto del Rin. El desaliñado y mal afeitado Hagen se cubría con un arrugado traje, y Siegfried llegaba con una raída indumentaria de guardabosques y armadura medieval que más tarde, para su boda, cambiaba por un espléndido smoking negro –si yo hubiera sido Chereau hubiera propuesto un smoking azul o blanco, como los de las Bodas en Las Vegas, para aventurar más el carácter patético de Siegfried-. Tanto el segundo acto como el final de la ópera se desarrollaban orillas de una ilimitada extensión de agua, junto a la que se divisaban a mano derecha del público las casa desiertas e incendiadas de los muelles de Nueva York. Sugiriendo así un subtema de carácter ecológico –primera vez que aparecerá en Bayreuth, después lo retomará Kupfer-. En el tercer acto de la ópera se volvía a la presa del inicio del Oro del Rin, ahora herrumbrosa y sin agua, ya que el Rin se había secado. Al final de la ópera una multitud de personas de todas las edades y estratos sociales, aunque en su mayoría jóvenes y de clase obrera, cerraban el drama situándose frente al auditorio al que miraban con expresión de aturdida desesperanza.
Estos fueron algunos de los momentos que causaron una protesta que estuvo a punto de provocar el derrumbe total del Festspielhaus. Ya la primera escena, con la presa hidroeléctrica y las chicas de la calle, provocó un malestar entre el público del que no se recuperó posteriormente. La simple apertura del telón desencadenó la indignación general. Tal como relata el critico musical del Observer :
“No había sido nunca testigo de una protesta en un teatro como la que acogió el final del Oro del Rin. Pero esta fue pálida comparada con las que vendrían después. Cuando llegamos a Siegfried con su dragón mecánico, un abogado de Nueva York anunció en el descanso que disponía de silbatos por sí algún otro miembro del auditorio quería soplarlos con él. Y en el Ocaso, la aparición de Gunther primero y Siegfried después, con chaquetas contemporáneas, y de los hombre de Hagen armados con ametralladoras, provocó tal pandemónium que, en dos ocasiones, casi se interrumpe la representación. Cuando Patrice Chéreau, su escenógrafo, Richard Peduzzi y su figurinista Jacques Schmidt, juntamente con el director musical Pierre Boulez, haciendo gala de valor, salieron al escenario al concluir la representación, fueron recibidos con una furiosa demostración de rechazo bastante desagradable”
El estrépito del abucheo fue sólo una parte del mayor escándalo de la historia de Bayreuth. El público se dividió entre los que gritaban a favor y los que lo hacían en contra. La noche del estreno hubo peleas sangrientas. A la nueva mujer de Wolfgang Wagner le rasgaron el traje y a otra le arrancaron un pendiente con el lóbulo de la oreja incluido. Hubo amenazas de muerte y de atentados con bombas. Se dice que se rompieron matrimonios y amistades. En numerosas ocasiones los gritos y los silbidos persiguieron a Boulez y Chéreau después de las representaciones, cuando entraban en los restaurantes. Algunos de los patrocinadores más importantes del Festival, tales como Siemens, amenazaron con suspender en el futuro cualquier ayuda económica al Festival. Los Amigos del Festival se ofrecieron a financiar una nueva producción si se destruía la de Chéreau. Los fanáticos wagnerianos por su parte crearon la Aktionkreis für das Werk Richard Wagners, con el objeto de combatir la última herejía cometida contra el compositor. Además hubo una autentica insurrección de la orquesta del Festival.
¿Por que una reacción tan violenta?. Se trataba de nuevo del viejo Bayreuther Geist (Espíritu de Bayreuth). De hecho esta producción del Anillo no era más provocativa que las que se habían hecho también para conmemorar su centenario en Kiel, Kassel, Londres, Milán, Ginebra y mucho menos que la de Leipzig. Pero lo que podía pasar sin escándalo fuera de las avanzadillas wagnerianas, era todavía una blasfemia en el templo del Maestro. Wieland había cometido sacrilegios con su abuelo, pero él al menos era un Wagner y era alemán y no lo había hecho en una ocasión tan señalada como el centenario del estreno de la obra. El sentimiento entre los wagnerianos de la Colina Verde era que se había perpetrado una profanación. Para los partidos políticos conservadores la producción era algo insufrible, por que Chéreau no solamente había arrojado a los dioses germánicos de sus pedestales, cosa que ya había hecho Wieland décadas antes, sino que además se había mofado de ellos y de su mundo. Para los aficionados a la música conservadores la representación no era ópera seria sino una parodia, un “vaudeville”, un espectáculo de cabaret, ciencia ficción, sátira, “grand guignol”. Una voz se elevó en nombre de estos dos grupos antes mencionados. Fue la temible neonazi, Winifred Wagner cuando dijo que si alguna vez de encontraba con Chéreau, le asesinaría. Y añadió que quien quisiese asistir a un Anillo bien hecho debería irse a Salzburgo. Rara concesión a un festival en el que Bayreuth siempre había visto a su máximo competidor. Durante los cuatro años siguientes las cosas se suavizaron y el público en la última representación del ciclo en 1980, recibió una ovación de noventa minutos, tan impresionante como fue la bronca en su estreno en 1976.
La reacción de los críticos fue similar a la del público. Todos hallaron escenas interesantes aunque diferían en la elección de cuales. El comentario más generalizado fue el de que habían asistido a “algunos de los momentos más conmovedores e impresionantes habidos nunca en una ópera”. Hubo consenso en alabar el ingenio y la profesionalidad demostrada por el director de escena y la estupenda interpretación, a nivel teatral, de los cantantes. The Times afirmaba: “La reacción habría sido menos violenta si el Sr. Chéreau se hubiese limitado a cumplir con su obligación sin más. Lo que ha irritado de su puesta en escena ha sido el haber osado a sacar a la luz tantos detalles desagradables, implícitos en el Anillo. Así como algunos críticos franceses mostraron su consternación por qué un director de escena francés fuese el culpable de tal escándalo, otros como él de Le Monde hicieron una defensa a ultranza de Chéreau escribiendo que su producción del Anillo demostraba que “merced a un trabajo concienzudo era posible cosechar algo nuevo en un terreno estéril”.
Sin embargo en general –y como suele ser habitual por otra parte- hubo más críticas que alabanzas. The New York Times descalificaba artísticamente a Chéreau diciendo que era “un director que había perdido el norte” y que su producción de la Tetralogía era algo “que no tenía nada que ver con el ciclo del Anillo”. Otros críticos justificaron con más profundidad sus comentarios. Unos dijeron que la producción carecía de la coherencia visual e intelectual, de la intemporalidad y universalidad del Anillo de Wieland. Que el equipo francés había transformado la obra en un “collage” de mito, psicología, critica social y ecología –cosa que entonces y con el postestructuralismo estaba totalmente de moda-. Que la puesta en escena era una mezcla incomprensible e inconexa de lo mítico, lo medieval, lo decimonónico y lo contemporáneo. Que en muchos momentos los decorados y la actuación contradecían de forma flagrante la partitura. Y, finalmente, que era una interpretación de la obra que se centraba exclusivamente en uno de los numerosos temas que la obra contenía, el de la revolución social, con lo que se había empobrecido su grandeza épica.
La acusación de ser un Anillo marxista era totalmente injustificada. De hecho por su ataque a la ciencia, a la industria y a la vida urbana.. Era una producción más anti moderna que anti capitalista, más reaccionaria que revolucionaria. Lo subversivo en ella fue su forma de tratar el texto. Hasta entonces, incluso los tratamientos más iconoclastas de la obra, habían preservado la esencia de las direcciones escénicas dictadas por Wagner, y su concepto global de escenario, actuación y música. Este concepto había sido roto. Tras Chéreau, según la frase hecha, nada sería igual.
La repulsa recayó también sobre la dirección musical de Boulez, que pretendía ser tan revolucionaria como la puesta en escena. A algunos no les gustó en absoluto la puesta en escena, pero incluso a algunos a quienes no desagradó lo que vieron, rechazaron lo que se escuchó–la mayoría aun lo desprecia-. Muchos críticos coincidieron, con la mayoría de los componentes de la orquesta, en que Boulez no dominaba la partitura. Queja unánime fue la de que el director francés había atenuado la grandeza de la partitura y que, a pesar de algunos momentos gloriosos, su lectura había sido insulsa, camerística . “Como Chéreau en la escena” escribió e comentarista del Observer, “Boulez presenta una visión parcial y a pequeña escala de la obra”. Al mismo tiempo Boulez fue alabado por haber conseguido excepcionales “texturas orquestales transparentes y refinadas” y “una ternura lírica totalmente nueva ”. Este fue también el punto de vista de Le Monde, que afirmó que Boulez había conseguido que la orquesta lograse “perfección en el detalle, un sonido transparente y refinado, además de un equilibrio excepcional” todas ellas virtudes por las que Boulez había alcanzado la celebridad. En un Anillo en el que la parte vocal no fue muy brillante, esto se paso por alto merced a las extraordinarias actuaciones a nivel teatral de los cantantes. El Siegmund de Peter Hofmann fue considerado lo mejor de la temporada. Karl Ridderbusch confesó públicamente su rechazo a la producción y al vestuario que le habían endosado para encarnar a Hunding y Hagen, pero aún así su interpretación de los torvos personajes fue extraordinaria. Las opiniones fueron dispares respecto al resto del reparto: Gwyneth Jones, como Brünnhilde, Donald McIntyre, como Wotan, Hannelore Bode, como Sieglinde, Yvonne Minton, como Waltraute, Zoltan Keleman, como Alberich, Eva Randova como Fricka, René Kollo, como el Joven Siegfried y Jess Thomas como el Siegfried del Ocaso.
A mi es un anillo que me parece completamente referencial, y más interesante esta versión premiere del ’76, que la rodada del 80, más que nada porque la esencia vanguardista y ese toque posmoderno se nota más, en esta que os ofrezco que en el trabajo de la PHILLIPS, normal por otra parte, las oficialidades nunca son buenas. Eso si no es una versión apta para conservadores y ortodoxos…Ahí va el reparto completo y los enlaces:
Richard Wagner
DER RING DES NIBELUNGEN
Bayreuther Festspiele 1976
Representaciones del Festival, 24, 25, 27, 29 de Julio 1976 (Premiere)
Coros del Festival de Bayreuth
Dirección del Coro - Norbert Balatsch
Orquestra de Festival Bayreuth
Dirección Musical - Pierre Boulez
Dirección Escénica - Patrice Chereau
Wotan/Der Wanderer - Donald McIntyre
Donner/Gunther - Jerker Arvidsson
Froh - Heribert Steinbach
Loge/Mime - Heinz Zednik
Fricka - Eva Randova
Freia/Gerhilde - Rachel Yakar
Erda/ 1.Norn - Ortrun Wenkel (RHEINGOLD) /Hanna Schwarz (SIEGFRIED)
Alberich - Zoltan Kélémen
Mime - Wolf Appel / Heiz Zednik (SIEGFRIED)
Fasolt/Hunding - Matti Salminen
Fafner - Bengt Rundgren
Woglinde/Die Stimme des Waldvogels - Yoko Kawahara
Wellgunde/Grimgerde - Ilse Gramatzki
Flosshilde/Schwertleite - Adelheid Krauss
Brünnhilde - Gwyneth Jones
Siegmund - Peter Hofmann
Sieglinde/ 3. Norn - Hannelore Bode
Ortlinde/Gutrune - Irja Auroora
Waltraute - Doris Soffel (WALK) / Yvonne Minton (GÖTT)
Helmwige - Katie Clarke
Siegrune - Alicia Nafé
Roßweisse - Elisabeth Glauser
Siegfried - Réné Kollo (SIEGFRIED) /Jess Thomas (GÖTT)
Hagen - Karl Ridderbusch
2. Norn - Dagmar Trabert
1.DAS RHEINGOLD
http://rapidshare.com/files/66702950/PART1.MP3.html
http://rapidshare.com/files/66704829/PART2.MP3.html
2.DIE WALKÜRE
http://rapidshare.com/files/66706515/ACT1.MP3.html
http://rapidshare.com/files/66711567/ACT2.MP3.html
http://rapidshare.com/files/66721668/ACT3.MP3.html
3.SIEGFRIED
http://rapidshare.com/files/66726507/ACT1.MP3.html
http://rapidshare.com/files/66731779/ACT2.MP3.html
http://rapidshare.com/files/66738102/ACT3.MP3.html
4.DIE GOTTERDÄMMERUNG
http://rapidshare.com/files/66748418/ACT1.MP3.html
http://rapidshare.com/files/66754638/ACT2.MP3.html
http://rapidshare.com/files/66760789/ACT3.MP3.html
Y ahora sed buenos y a escuchar este anillo tan francés, tan magnífico y tan provocador...
viernes, 14 de septiembre de 2007
Stress, stress y más stress...
Mañana prometo currarme más el post, mientras tanto os dejo con Seiffert en dos finales, el acto I y el acto III de Maestros Cantores, en Bayreuth acompañado de Emily Magee (Eva), Robert Holl (Sachs), Endrik Wottrich (David), Andreas Schmidt (Beckmesser) y Mattias Hölle (Pogner), dirigidos en Bayreuth '99 por Daniel Baremboim y el viejo Wagner:
A disfrutarlo!!
sábado, 8 de septiembre de 2007
Treinta y tres años sin el gran Wolfgang...
Wolfgang Windgassen nació el 26 de Junio de 1914. Era hijo de Fritz Windgassen (grabaciones completas de Fritz aquí), de quien recibió sus primeras lecciones de canto. Debutó en 1941 como D. Alvaro en la “Fuerza del Destino” de Verdi. La segunda guerra le impidió continuar cantando y se incorporó a filas. Tras la guerra comenzó a cantar papeles del repertorio italiano (siempre en alemán) que incluian Rodolfo (La Boheme), Alfredo (la Traviata), Duca (Rigoletto), Pinkerton (Mme. Butterfly), Radames (Aida), y se atrevió con otros papeles Max (Cazador Furtivo) y Pelleas (Pelleas y Melisande). Desde 1945 hasta 1972 (ya como General Intendent) perteneció a la ópera estatal de Württemberg, en Stuttgart, el cual se convirtió en su teatro fetiche.
Pero la verdadera oportunidad y despegue para su carrera le vendría cuando Wieland Wagner se fijó en él, tras una Belle Helene en Copenhague y pensó que era el Parsifal ideal. Y aquí comienza su ascenso al Walhalla. Tras cantar en la reapertura del Festival (1951) inicia una vinculación de 20 años con el festival de Bayreuth, cantando todos (exceptuando las óperas de juventud, que no se representan en Bayreuth) los papeles protagonistas para tenor de Wagner. Wieland Wagner le convertiría en un actor-cantante, Windgassen quien no poseía una voz excepcional, si se destacaba por el talento dramático, que se incremento tras 15 años de trabajo con Wieland. Según menciona Spotts, en su historia del Festival de Bayreuth, Wieland odiaba profundamente a los “divos” (así echó de Bayreuth a muchos), no buscaba voces perfectas, sino auténticos camaleones, que abandonaran su cuerpo a favor del personaje a interpretar. Su voz, juvenil, bellísima y portentosa, dominaba el escenario por encima de la imponente orquesta wagneriana, demostrando una resistencia única. Además, sus cualidades musicales se vieron complementadas con sus grandes dotes de actor: como pocos, sabía introducirse en la psicología de sus personajes, conformando así el ideal de cantante descrito por Wagner para sus obras: voz portentosa y firme, gran resistencia y valor interpretativo: en el escenario se transformaba en Sigfrido, Tannhäuser, Lohengrin...Así son antológicos todos sus trabajos para este Festival, lastima que solo haya una muestra en video de este gran interprete: El Tristan con Nilsson en Osaka bajo la dirección de Boulez. La calidad es mala, pero es una de las pocas oportunidades del ver a este gran tenor.
Windgassen y Nilsson como Tristan e Isolda en 1966.
Inolvidable Walther von Stolzing de Windgassen, en Bayreuth 1960.
Windgassen, cantó además Rienzi en Stugartt, en una elegante versión preparada también por Wieland Wagner, que merece la pena oír. Así cumplía con las 11 óperas del repertorio wagneriano, faltándole solo dos para cantar la integral…
Aunque a partir del año 51 comenzó con su meteórica carrera wagneriana, no abandonaría el resto de su repertorio. En su Otello nos da una lección de maestría vocal e interpretativa (gracias a dios está grabada en video), al hacer uno de los “moros” más impresionantes de la historia de la ópera. Su Kaiser en Die Frau ohne Schatten y su Florestan fueron alabados por lo que transmitían, más que por sus cualidades vocales, porque según los espectadores de la época les hacia temblar, nada más salir a escena.
Windgassen dejó de cantar regularmente en 1970, su última grabación fue un Orlofsky para el Murciélago de Böhm en DECCA, por problemas de salud y fue nombrado “General-Intendet” de la Ópera de Stuttgart. A los cuatro años fallecía un 8 de Septiembre de una parada cardiaca.
Aquí os dejo una grabación muy rara de él, es su Frau ohne Schatten en Stuttgartt en 1954.
http://rapidshare.com/files/10021816/Frosch54_1.rar.html http://rapidshare.com/files/10027871/Frosch54_2.rar.html
http://rapidshare.com/files/10014339/Frosch54_3.rar.html
R. Strauss
DIE FRAU OHNE SCHATTEN
Der Kaiser: Wolfgang Windgassen
Die Kaiserin: Trude Eipperle
Die Amme: Res Fischer
Barak: Wilhelm Schirp
Die Fäberin: Maria Kinasiewicz (Kinas)
Der Geisterbote: Gustav Neidlinger
Chor und Orchester der Staatsoper Stuttgart
Conductor: Ferdinand Leitner
Live-Recording: Stuttgart, 11. September 1954
Sirva esto de homenaje al gran Wolfgang, uno de los tenores más grandes del siglo XX…
jueves, 6 de septiembre de 2007
La obra de Götz Friedrich (2): Lohengrin '79
Visualmente la producción supuso un importante cambio del estilo en que generalmente se presentaba la obra. Por una parte, Friedrich adoptó mucha de la abstracción, estilización y simbolismo de la versión de Wieland en 1958, concediendo un papel esencial al coro y poniendo los decorados a su servicio, como en una tragedia griega. Por otra, rechazó el color y la suntuosidad tradicional de las anteriores producciones de la ópera en Bayreuth y eliminó cualquier referencia al realismo que había aprendido de Felsenstein. Para los decorados, Friedrich, solicitó los servicios del creador de esculturas cinéticas Günther Uecker, con el que ya había colaborado con éxito en su Tristan de Stuttgart.
Los colores tradicionales obsesivos de Lohengrin en Bayreuth, el azul zafiro y el plata, fueron reemplazados por el negro y el acero y durante todo el espectáculo el suelo del escenario estaba cubierto por una plancha de plomo que simbolizaba el aspecto nihilista y el orden social patriarcal y militarista del mundo en que transcurre la ópera. Como en su producción de Tannhäuser, el preludio transcurría a telón abierto mientras se veía a Elsa atormentada por una pesadilla. El primer acto no se desarrollaba en una lugar pastoril a orillas del río Escalda, sino en una enorme cámara de ciencia ficción, el mayor espacio que se había visto nunca en Bayreuth pero tremendamente claustrofóbico. Era una puesta en escena fría, incluso amenazadora, en la que, los caballeros de Brabante y Sajonia, aparecían situados en estrados a ambos lados del escenario. Todo ello sobre un fondo negro, decorado con anchas tiras de acero. Lohengrin aparecía en escena en medio de la oscuridad, procedente de un disco giratorio. Un crítico describió este momento de la ópera como la aparición de “un resplandeciente Batman del mundo exterior”. Friedrich pretendía manifestar con esta aparición, el distanciamiento existente entre el protagonista de la ópera ( la salvación, la razón), y el aparente estricto y ordenado mundo de Brabante. Visualmente recordaba la abstracción y el simbolismo de Wieland.
La producción fue bien recibida, por sorpresa –se habría tomado algo al crítica?-. Se reconoció que Friedrich había conseguido combinar con éxito características de la obra tales como leyenda, cuento de hadas romántico e historia épica, y haber logrado una nueva aproximación al concepto de milagro, un milagro de tintes contemporáneos, sin nada de boato. Pero así como la dirección de escena fue unánimemente aclamada, no ocurrió lo mismo con los decorados de Uecker. La crítica menos acerba comentó que sus planchas metálicas, sus tubos y su luminotecnia eran más una exposición de arte contemporáneo que un elemento integrado en el drama. Según otros comentarios eran “horriblemente inadecuados”, “simplemente un desafío” que sirvió para hacer de la representación “una velada repleta de atrocidades visuales”. El mismo sector de la crítica describió el decorado del segundo acto como “la fachada de un edificio de oficinas de los años 50 en estilo Nuevo Brutalista”. Al público le gustó la representación o al menos no se sintió ofendido por ella. Como la mayoría de los componentes del sector tradicionalista ya habían desaparecido hacía tiempo, los que quedaban se mostraron insensibles o imperturbables, por lo que no hubo ningún altercado entre ellos y los que ovacionaron con entusiasmo la representación.
Los críticos se mostraron complacidos con el nivel de la compañía de canto del primer año. La mayoría alabaron el Lohengrin de Peter Hofmann, la Ortrud de Ruth Hesse, el Telramund de Leif Roar, el Heinrich de Hans Sotin y el Heraldo de Bernd Weikl, no así con la Elsa de la joven soprano norteamericana, Karan Armstrong en su debut en Bayreuth, a la que achacaron un tremolo persistente. La dirección musical de Edo de Waart no le acreditó para ser de nuevo invitado y fue sustituido por Woldemar Nelsson, que dirigió la partitura de forma un tanto violenta pero eficaz.
Esta es la historia del Lohengrin que vio Bayreuth, otro Lohengrin para un mundo que no cree ni en brujas, ni en cisnes-príncipes, ni en cuentos, sino en guerras, princesas neuróticas hartas de pastillas y desesperación porque no hay sentido. La prueba viviente que el mensaje de Richard Wagner sigue tan fresco como cuando lo estreno allá por la mitad del siglo XIX. Mañana cambiamos de tercio, tocará Matteuzzi cantando “canciones raras” de Tosti ...
sábado, 1 de septiembre de 2007
La obra de Götz Friedrich (1): Tannhäuser '72
Friedrich era alumno de Walter Felsenstein, el famoso renovador del teatro musical realista en la Ópera Cómica de Berlín Este. Esta escuela tendía a analizar en extremo las situaciones y a los personajes de la obras. Se centraban tanto en el contexto histórico de las obras y la vida de sus autores, como a sus creaciones. Los rasgos esenciales de esta escuela eran una presentación dinámica de las obras, claridad dramática, precisión en la puesta en escena, una profunda definición de los personajes y una minuciosa dirección de cantantes. Sus regies eran duras, frías y austeras. Para ellos era tan importante la dirección de escena, que su estilo era denominado Regietheater. Y esta fue la técnica que aplicaron Friedrich, junto con su escenógrafo Jürgen Rose y el coreógrafo John Neumeier a Tannhäuser.
Según Friedrich, el problema de Tannhäuser era el de mantener su creatividad y su integridad, en una situación en la que, por una parte, deseaba preservar su libertad, y por otra, se veía en la necesidad de establecer esa relación con la sociedad que el artista necesita para transmitir su mensaje. La ópera narraba la vieja, pero siempre nueva historia, del artista al que se considera un marginado por que no se somete a la moral social imperante. Como tal era una autobiografía, Friedrich apuntaba en un ensayo en el Programa del Festival, no solamente de Wagner como artista, sino también de Wagner como rebelde político en 1849.
Tal como fue representada en 1972, Tannhäuser era, según palabras del mismo Friedrich, una parábola del “viaje de un artista por los mundos subjetivos y objetivos, en busca de si mismo”. El viaje le llevaba de un “paraíso artificial” simbolizado por el Venusberg, a un mundo de coacción ideológica y de opresión social, simbolizado por el Wartburg y Roma (morales dominantes). La auto realización no era posible ni en el uno y en ni el otro. Sin embargo “la grandeza tanto histórica como actual de Tannhäuser, se hallaba para Friedrich en que, merced a esta lucha, llegaba a comprender que el artista solamente puede realizarse comunicándose con la sociedad”.
En esta versión, el amor humano y divino no eran contemplados como una antítesis sino como las dos cara de la misma moneda, por primera vez Venus y Elisabeth eran interpretados por la misma cantante, con lo que conllevaba eso. Elisabeth no moría como una santa, sino como una criatura envejecida, rota y abandonada. Aunque Friedrich no introdujo ningún cambio en la ortodoxa visión del Wartburg, sí lo hizo en el personajes de Tannhäuser al que dotó de una nueva dimensión crítica. Al final el héroe no moría como un pecador redimido sino como un hombre cuya tragedia residía en su fracaso por no haber logrado hallar la forma de “comprometerse”. Y al igual que hizo una nueva lectura de la religión, también reinterpretó el concepto de redención. Friedrich esperaba que el mensaje que transmitiese la representación a un público de finales del siglo veinte era él de que un credo de tolerancia social debería sustituir a la antigua fe en los milagros.
La profunda novedad de su concepción fue evidente desde el primer momento ya que el telón se abría con las primeras notas de la obertura que, por primera vez, también era representada. Se veía a Tannhäuser huyendo del mundo real de Wartburg al mundo de fantasía del Venusberg. La Bacanal era una fantasía, una pesadilla sexual sadomasoquista entre muertos y depravados, demostrando con ello que los excesos sexuales conducen inevitablemente a la barbarie, a la crueldad y a la muerte. El decorado para esta escena era austero, misterioso, amenazador y feo.
La sala del concurso de canto era una imponente tribuna desnuda formada por una empinada rampa de quince escalones que simbolizaba una sociedad dominante y jerárquica a la que era muy difícil acceder y, también, la fatal caída que podía sufrir el que era expulsado de ella. Era una clara metáfora de lo que había sucedido con todos aquellos artistas que durante el Tercer Reich habían sido ensalzados cuando apoyaron al régimen y después, cuando lo rechazaron, habían sido condenados al exilio o deportados a campos de concentración. Aunque el tercer acto tenía una puesta en escena de aterradora desolación, concluía con lo que Friedrich consideraba una llamada a la comprensión para aquellos que abandonan la comodidad y el conformismo en pos de la búsqueda, no de la fe, sino de la verdad.
Wolfgang esperaba que fuera un exito y un canto a la modernidad como lo que hacía su hermano años antes en la Colina Verde, pero lo único que consiguió fue una gran serie de protestas e incluso amenazas de muerte. Desde el estreno de Tannhäuser en París en 1861, ninguna obra de Wagner había provocado tanto escándalo. En aquella ocasión la protesta procedió de unos pocos, en esta, de todo el auditorio. Los críticos musicales, incluso aquellos que habían entendido su significado, se quejaron menos de la interpretación que se había hecho de la ópera que de la dirección de escena, la extravagante coreografía, los fríos decorados y sobre todo, del provocativo vestuario. El uniforme del Landgrave se parecía de forma sospechosa al de las tropas de asalto del Tercer Reich, y el de los peregrinos volviendo de Roma, al del oprimido proletariado regresando de trabajar en la fábrica. Este vestuario transformaba Tannhäuser en la ópera de una sociedad bélica, repleta de policía totalitaria, en la ópera de la rebelión del artista contra el régimen socialista.
La representación escandalizó a la burguesía alemana. Pocas veces en la historia del teatro se había producido en la escena un caso similar de la vida imitando al arte, tan perfecta translación al auditorio de lo que estaba ocurriendo en escena. Friedrich aquella tarde se había transformado en Tannhäuser y la clase dirigente alemana que asistió en 1972 a la representación, en los nobles de Turingia del siglo trece. Friedrich fue acusado de ser “un rojo peligroso” que constituía una amenaza para la República Federal de Alemania y que debía ser enviado de vuelta sin perdida de tiempo a Alemania Oriental. Algunos le acusaron de haber transformado la ópera en un panfleto comunista contra el nazismo, otros de utilizarla para proclamar el triunfo de los pobres sobre los ricos. Un reportero del New York Times escuchó a algunos miembros del auditorio gritar “venganza” y vio como una señora de edad avanzada agitaba el bolso sobre su cabeza con gesto de lanzarlo contra Friedrich”.
En el caso este se daba una gran paradoja, que era que Friedrich, el supuesto propagandista de izquierdas, había sido durante toda su carrera un luchador empedernido contra la opresión ideológica del régimen comunista en Alemania Oriental...
lunes, 27 de agosto de 2007
Una entrevista a una pareja hace 52 años...
Queridos lectores, hoy os voy a ofrecer una entrevista que se realizó en Barcelona el 28 de Abril de 1955, con motivo de los festivales Wagner. En ellos cantaron juntos el Tristan y la Walkiria de forma excepcional. Tambien tengo que advertir que Windgassen y Mödl eran pareja eran pareja en la vida real, de ahí las complicidades entre ambos a lo largo de la entrevista. Descubrireis como las cosas no han cambiado tanto, como ahora y antes el malvado "fisco" desangraba a los cantantes (el 50% de impuestos, LADRONES!!!), o las aficiones de Windgassen despues de la ópera o que a Mödl le gustaba bailar... Una entrevista bastante interesante, os dejo con ella.
MANO A MANO: MARTHA MÖDL Y WOLFGANG WINDGASSEN
Por Manuel del Arco
Martha Mödl y Wolfgang Windgassen, principales intérpretes en las tres obras de Wagner. En el transcurso de sus carreras artísticas han cantado juntos más de cien veces. Coincidieron con "Parsifal" en Bayreuth, en 1951. El, fuerte; ella, también.
- ¿Impone sacrificios Wagner?
- Cuando una cosa se ama se debe entregar a ella -responde la cantante.
- ¿Sólo ama a Wagner?
- Yo estoy enamorada de todas las cosas que tienen fondo; por ejemplo, una bella catedral.
- ¿Y usted? -me dirijo a él.
- Al margen de Wagner, el automovilismo; ¿ha visto mi coche?
- Sí, magnífico -marca alemana, último modelo-. ¿Cuántos gorgoritos le ha costado?
- Con los impuestos que pago podría tener dos como ese.
Se consultan los dos cantantes y pagan igual: cincuenta por ciento de impuestos.
- ¿Les gusta más Wagner estilizado en escena, que antes?
- Antes era muy pesado llevar tanta indumentaria encima -contesta él.
- De acuerdo -aprueba ella.
- ¿Es difícil Wagner?
- Sí, "Sigfrido" me costó tres meses aprenderlo.
- Lo mismo que a mí "Isolda".
- ¿Lo más fácil?
- En Wagner no hay nada fácil -dice ella.
- Sí -rectifica él-; "El holandés errante" lo aprendí en tres semanas.
- ¿Han encontrado diferencia entre Bayreuth y Barcelona?
- Bayreuth es cantar en la Patria.
- Esto no es contestar la pregunta. ¿Y Barcelona qué es?
- Un público muy interesante; Bayreuth es internacional, son cosas distintas.
- ¿No han ido a América?
- No; en Europa hay mucho que hacer todavía -habla él.
- Tenemos muchos ofrecimientos -declara ella.
- ¿Creen que en América no hay afición por Wagner?
- La música de Wagner, allá es muy admirada; no sabemos si gustaríamos nosotros -ha contestado él tras consultar a ella.
- ¿Qué juicio les merece Wagner?
- Es el primero -afirma él.
- Después los demás -corrobora ella.
- Usted -pregunto a Wolfgang- es hijo del tenor heroico Fritz Windgassen; ¿es mejor que su padre?
- Que conteste Martha.
- Sí -contesta rápida-, Wolfgang.
- ¿Son ustedes capaces de distraerse con música ligera?
- Y hasta bailarla, si tiene ritmo -confiere ella.
- No me los imagino marcando un chotis.
-¿Chotis? -inquieren
Larga e inútil explicación por parte mía; sus conocimientos no pasan del vals...
- ¿Lo peor de Wagner?
- El esfuerzo para interpretar sus obras, por su profundidad y dimensiones.
- ¿Quedan rendidos?
- Yo he llegado a perder en una noche, haciendo "Sigfrido", tres kilogramos.
- Y yo, uno y medio, en "Isolda"; eso es Wagner.
- Lo que hace sudar...
LA VANGUARDIA ESPAÑOLA
28-IV-1955, p. 7
sábado, 25 de agosto de 2007
Unos maestros sin Nürnberg y bastante anarquicos...
Para que entendáis la importancia de la producción y lo que produjo os pongo un fragmento del libro de Spotts sobre Bayreuth:
Wieland se encontraba en la cúspide de su madurez artística y totalmente convencido de su misión cuando decidió montar de nuevo los Maestros en 1963. Sí en la versión anterior había maestros pero no aparecía Nuremberg, en esta nueva versión no había ni Nuremberg, ni maestros. La representación nos mostró a Wieland en su talante más ecléctico ya que se inspiró en Shakespeare, Brecht y Bruegel. Introdujo sorprendentes innovaciones; el coro por ejemplo, era ahora un conjunto de individualidades que se movía con la falta de coordinación típica de las multitudes. La producción fue un intento de realismo y al mismo tiempo un ensayo de parodia. Fue sin lugar a dudas de todas las representaciones habidas de la ópera, la más cercana a la vida real del auténtico Nuremberg del siglo dieciséis.
Wieland borró los últimos restos de una aproximación tradicional a la obra. Los tres actos se desarrollaban en el interior de un teatro de la época de Isabel I de Inglaterra, con galerías de madera que rodeaban un escenario y un suelo también de madera. No había ni iglesia, ni escuela de canto, ni calle de Nuremberg, ni zapatería, ni menos una pradera. El taller de Sachs era un puesto de venta ambulante de zapatos y Sachs era mas un poeta desarrapado que un comerciante patricio. Los maestros cantores, según dijo un crítico, parecían “un orfeón de paletos pueblerinos” y los aprendices “sucios golfillos”. La pelea de la noche de San Juan fue un tumulto atroz que concluía con el Sereno tropezando con los cuerpos de los caídos en la pelea. La gran escena festiva en la pradera fue más una manifestación incontrolada de vulgaridad terrena que una ocasión solemne para reverenciar el arte alemán. Nada irritaba más Wieland que la tradicional ceremonia de entrada de los maestros por que le recordaba los desfiles del partido Nazi, por ello, como en su versión anterior de la obra, eliminó el desfile de los gremios. Con su sutil escabechina de las vacas sagradas alemanas esta fue una de las más revolucionarias producciones de Wieland. Desde luego fue la más controvertida y la más abucheada en la historia del Festival.
Además de considerar que “esta vez ha ido demasiado lejos”, los tradicionalistas sospechaban que las intenciones de Wieland eran escandalizar con el único motivo de atraer la atención del público y así vender más localidades. Esta acusación era injusta y enfureció a Wieland sobremanera. Pero a Wieland le gustaba escandalizar y esto formaba parte de sus planes que estaban destinados a obligar a los espectadores a aceptar las óperas de su abuelo de una forma distinta a la tradicional. Por ello cuando estrenó su nuevo Anillo en 1965, las expectativas que suscitó fueron tan altas que la presencia de la crítica fue la más nutrida en un acontecimiento musical después de la guerra a excepción, posiblemente, de la reapertura de la Wiener Staatsoper diez años antes.
(Spotts, Frederic: Bayreuth: una historia del Festival Wagner Yale University Press. New Haven and London, 1994)
La versión musicalmente hablando como había dicho está encabezada por Karl Böhm quien traza unos maestros interesantes, huyendo de la solemnidad que caracterizaba a Kna o Fürtwangler, y enmarcandose en el trazo de Cluytens y en la orbita anti-nacionalista de Wieland. Son unos maestros pordioseros y groseros como el pueblo de Nürnberg, no hay nada de solemne en los artesanos. Sachs está encomendado a Josef Greindl, zapatero remendón clásico en el festival desde que abandonara tras la premiere Hotter el papel y tras la intentona poco gratificante de Neidlinger en el 59. Walther es en esta ocasión Szandor Konya, gran tenor hungaro y considerado uno de los mejores líricos wagnerianos de todos los tiempos, gran elegancia y una voz purísima, pero sin llegar al nivelazo actoral de Wolfgang Windgassen en el 56, 60, 61 y 63. David corre a cargo de Erwin Wohlfahrt magnífico histrion, aunque el recuerdo de Stolze en la primera producción de Wieland es inevitable. Beckmesser es Carlos Alexander, quizás le falta un poco de bis cómica, pero lo que es cantar lo cumple. La “ñoña” de Eva corre a cargo de Anja Silja, prometedora soprano todoterreno entonces, que ya había sorprendido debutando Senta a los 20 años y grabando con 22 uno de los Tannhäuser de referencias sustituyendo a Victoria de los Angeles. Aquí Eva no es tan tonta, sino que posee la picaresca que le aporta el rol por la gracia de Wieland Wagner. Unos secundarios de lujos entre los que se cuentan el Eisslinger de Gunther Treptow, el Nachtigall de Gerd Nienstedt o el Ortel de Zoltan Kelemen. Los “Pitzianer” están gloriosos y anarquicos como pedía Wieland. Otra de esas noches para haberlas visto “in-situ”.
Meistersinger, Bayreuth
July 20, 1964:
Sachs: Josef Greindl
Pogner: Kurt Böhme
Kothner: Gustav Neidlinger
Beckmesser: Carlos Alexander
Nachtigall: Gerd Nienstedt
Zorn: Stefan Schwer
Vogelgesang: Ticho Parly
Eisslinger: Gunther Treptow
Moser: Hermann Winkler
Ortel: Zoltan Kelemen
Schwartz: Fritz Linke
Foltz: Ralph Telasko
Stolzing: Sandor Konya
David: Erwin Wohlfahrt
Eva: Anja Silja
Magdalene: Ruth Hesse
Nachtwächter: Heinz Hagenau
Bayreuther Festspiele
Karl Bohm
http://rapidshare.com/files/21132860/Meist641.mp3
http://rapidshare.com/files/21132861/Meist642.mp3
http://rapidshare.com/files/21134072/Meist643.mp3
Espero que los disfruteís tanto como yo y ya sabeís,sed buenos, bajaros mucha música y a escuchar mucha, mucha ópera, ah y mañana habrá más…
miércoles, 15 de agosto de 2007
Hacen falta cisnes y armaduras, cuando hay nihilismo?
Final de la ópera Lohengrin. Paul Frey(Lohengrin), Gabriela Schnaut(Ortrud), Cheryl Studer(Elsa). Bayreuther Festspiele 1989. Dir: Peter Schneider. Regie: Werner Herzog.
Espero que os guste y dentro de muy poquito tendré un sorpresón vienés que colgaré aquí mismo. Os suena aquello de: Wie schön ist di prinzessin Salome, heute nacht... Pues imaginadlo en los 60 y con voces con las que todos soñamos.


