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domingo, 30 de diciembre de 2007

Unos Maestros Cantores....sin Nürnberg!!!!

Queridos lectores, hoy os traigo una joya de la historia de la ópera, a petición de Larrel, pero que también incumbe a Sharpless. Se trata de los Maestros que dirigiera en Bayreuth, el director franco-belga André Cluytens y un repartazo de lujo que incluía a Hotter (en su única prestación como el carismático zapatero), Windgassen, Schmitt-Walther, Fischer-Dieskau (como Kothner), Stolze, Brouwetjin, etc. Pero además de la música, esta grabación tiene historia particular y es que esa representación de los Maestros de 1956 fue considerada lo peor de lo peor por aquellos que ya esperaban algo malo de manos del enfant terrible, Wieland Wagner. No sólo fue más flagrante que nunca la ruptura con las tradiciones y el estilo del Nuevo Bayreuth más insultante, sino que además fue una clara afrenta a los sentimientos nacionalistas.

Para empezar la producción de Wieland Wagner de los Maestros Cantores desmanteló Alemania poniendo la “Alemania musical” patas arriba. Pues la tradición era respetada en el primer acto, pero después, era violentamente zarandeada en el segundo y arrojada al polvo en el último. Los Maestros Cantores que era el último bastión de la vieja ortodoxia de las producciones wagnerianas ahora se habian rendido a la embestida del nuevo estilo. Muchos críticos y aficionados alemanes la denominaron -y que dicho sea de paso a mi me encanta- “Los Maestros Cantores sin Nuremberg”.

La escenografía del primer acto recordaba el arte alemán gótico tardío de una manera encantadora y muy personal. Era realista y funcional pero también muy original y agradable a la vista. Es en el segundo acto cuando las cosas empiezan a cambiar. En lugar de la estrecha calle tradicional, se vió un pequeño espacio en forma de riñón empedrado como una calle, en medio de un escenario vacío, y sobre él, en el aire, sin nada que la una a la tierra una gran bola de hojas y flores ¿una especie de saúco del mundo? –preguntó un crítico del NYTIMES-, que flota en el intenso azul de un cielo de medía noche. Walther y Eva no se pueden esconder “unter den Linden” (bajo el tilo) por que simplement no hay tilo. Hans Sachs, privado de su taller, se sienta en un a pocos metros de distancia de los enamorados. El decorado, aunque no muy práctico, posee sin embargo una belleza impresionante y permite que la magia de la noche de San Juan hechice a los espectadores y les haga evocar el Nuremberg que Wieland evitó representar físicamente. En la época chocó muchísimo la escena final. Habian desaparecido la llanura, los gremios, las trompeterías, los estandartes de colores y el pueblo llegando en botes por el río. Lo que se vió es la sección de un anfiteatro amarillo, con asientos escalonados, desde los cuales el pueblo, vestido de forma idéntica, contempla, como si se tratase de un circo o de un partido de fútbol, las estilizadas danzas que se desarrollan en la pista. Como espectáculo tiene, es indudable, un cierto aséptico esplendor.
El mal humor de los espectadores se fue caldeando de acto en acto. La última escena fue considerada la más ofensiva ya que no aparecía ninguna vista al fondo del “amado” Nuremberg. De aquí el comentario de que Wieland había producido unos “Maestros Cantores sin Nuremberg”. Cuando cayó el telón, el Festspielhaus fue testigo del primer abucheo de su historia. Para los fanáticos wagnerianos y los políticamente conservadores que en su mayoría eran los mismos, la representación había supuesto una parodia de la creación de Wagner. Incluso peor, aquello era una humillación política ya que suponía restregar en las narices a la audiencia qué por razones evidentes, el Nuremberg de los Maestros Cantores ya no existía. El crítico musical del Die Zeit, Walter Abendroth, que en los días del Nacional Socialismo había ensalzado “el imperecedero espíritu germánico” de la producción de los Maestros de 1934, se sintió indignado y escribió en un articulo que fue muy comentado: “¿Quien defenderá a Wagner en Bayreuth?”. El derechista “Partido Alemán” llegó a desenterrar la expresión “arte decadente” para denigrar la representación. El segundo funcionario de más categoría del Ministerio de Justicia de Baviera se quejó de que aquello había ido más allá de los límites de la libertad artística y calificó de escandaloso el que el Festival recibiese apoyo financiero oficial. Pero fue Moritz Klönne, presidente de los Amigos de Bayreuth, el que hizo patente su escándalo en una carta a Wieland. “Bayreuth es un templo de la cultura alemana”, escribió “y los Maestros Cantores la más alemana de la óperas de Wagner. Esto no lo puede usted cambiar con su pretendido “romanticismo internacional”. Aquí se encontraba la prueba, si alguna era necesaria, de que los sentimientos de la vieja guardia no habían variado en un siglo, que nada habían aprendido y que nada habían olvidado. Klönne no se conformaba con esto, también enumeraba un inventario de escenografías tradicionales que los Amigos querían de vuelta en el escenario del Festspielhaus. Si esto no se hacía, continuaba de forma amenazadora, sus lazos con Bayreuth se romperían e irían a cualquier otro lado para tener sus Maestros Cantores. Wieland le replicó, con un desdén sin contemplaciones, que había decidido desde el principio que sí la derecha política y operística querían usar a Bayreuth como su reducto cultural, lo habrían de hacer sometiéndose a sus puntos de vista artísticos. Esta era la clásica “concesión” al viejo estilo de Bayreuth.

Vocalmente fue impresionante, pues se contaba con uno de los mejores repartos de la historia. Hans Hotter cantaba por primera y última vez un Sachs impresionante, melancólico, aunque con ciertos problemas de caracterización que Wieland no consiguió solventar, aunque los monólogos los canta con un estilo inigualable, como solo él sabía. El Walter de Windgassen, es el mejor de toda la discografía, joven y lírico pero arrogante e impetuoso, el von Stolzing era el artista que venía a cantarles las cuarenta a los viejos y al que solo era capaz de entender el viejo Sachs. Schmitt-Walther, el Beckmesser paradigmático del Nuevo Bayreuth otrora Wolfram von Esenbach, cantó un escribano simpático, sin caer en las “trampas” antiguas… Josef Greindl, futuro Sachs y Pogner de antología, canto el orfebre seriamente y con ese toque paternal que el sabía darle. Gerhard Stolze es David, no un “pijo mozartiano” como Antón Dermota (=> grabación con KNA), sino el aprendiz metomentodo, pero de buen corazón y que se deja regañar por la Magdalena de von Milinovic, de gran calidad escénica. La Eva de Brouwenstijn, es interesante, aunque poco áspera si la comparamos con Elisabeth Grümmer, pero bien planteada y con mucho gusto. Y el último de los que merece ser reseñados es el incomparable Dietrich Fischer-Dieskau, que cantó el portavoz de los Maestros, Kothner, con gran poesía y sin rudeza, en su lectura de las LEGES TABULATURAE. Los “Pitzianer” hicieron lo que sabían hacer, cantar y a una indicación de Wieland, olvidaron el pasado. Cluytens cierra una noche redonda con una dirección francesa, de esas que le encantaban a Wieland, con gran maestria y sacando el máximo posible a la orquesta del Festpielhaus. Aquí va la grabación:

R.Wagner
Meistersinger von Nürnberg
Festspielhaus Bayreuth·1956

Director: André Cluytens
Regie: Wieland Wagner

Hans Sachs- Hans Hotter
Veit Pogner- Josef Greindl
Kunz Vogelgesang- Josef Traxel
Konrad Nachtigall- Egmont Koch
Sixtus Beckmesser- Karl Schmitt-Walter
Fritz Kothner- Dietrich Fischer-Dieskau
Balthasar Zorn- Heinz-Günther Zimmermann
Ulrich Eißlinger- Erich Benke
Augustin Moser- Josef Janko
Hermann Ortel- Hans Habietinek
Hans Schwarz- Alexander Fenyves
Hans Foltz- Eugen Fuchs
Walther von Stolzing- Wolfgang Windgassen
Eva- Gré Brouwenstijn
Magdalene- Georgine von Milinkovic
David- Gerhard Stolze
Ein Nachtwächter- Alfons Herwig

Chor und Orchester der Bayreuther Festspiele

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A disfrutar de una noche de verano tan mágica y con tan buenas voces...
Das Blumenkränzlein aus Seiden fein",möcht' es mir balde beschieden sein!

lunes, 12 de noviembre de 2007

Dos joyas de Bayreuth...

Queridos lectores aqui van dos videos que acabo de subir, espero que reconozcais a los implicados... Año 1960 y 1965 en Bayreuth. Además de la mejor parte cuando se hace una ópera, los ensayos, que maravilla!!!!


Die Meistersinger von Nürnberg 1960


Das Rheingold 1965

A cuidaros, portaos bien y mañana más!!!!

sábado, 8 de septiembre de 2007

Treinta y tres años sin el gran Wolfgang...

Mis queridos lectores tal día como hoy se cumplen 33 años de la desaparición de Wolfgang Windgassen, escribo unas líneas para recordar a uno de los más grandes Heldentenores de la historia y uno de mis cantantes favoritos. No se cuantas horas le he dedicado a sus interpretaciones...

Wolfgang Windgassen nació el 26 de Junio de 1914. Era hijo de Fritz Windgassen (grabaciones completas de Fritz aquí), de quien recibió sus primeras lecciones de canto. Debutó en 1941 como D. Alvaro en la “Fuerza del Destino” de Verdi. La segunda guerra le impidió continuar cantando y se incorporó a filas. Tras la guerra comenzó a cantar papeles del repertorio italiano (siempre en alemán) que incluian Rodolfo (La Boheme), Alfredo (la Traviata), Duca (Rigoletto), Pinkerton (Mme. Butterfly), Radames (Aida), y se atrevió con otros papeles Max (Cazador Furtivo) y Pelleas (Pelleas y Melisande). Desde 1945 hasta 1972 (ya como General Intendent) perteneció a la ópera estatal de Württemberg, en Stuttgart, el cual se convirtió en su teatro fetiche.

Pero la verdadera oportunidad y despegue para su carrera le vendría cuando Wieland Wagner se fijó en él, tras una Belle Helene en Copenhague y pensó que era el Parsifal ideal. Y aquí comienza su ascenso al Walhalla. Tras cantar en la reapertura del Festival (1951) inicia una vinculación de 20 años con el festival de Bayreuth, cantando todos (exceptuando las óperas de juventud, que no se representan en Bayreuth) los papeles protagonistas para tenor de Wagner. Wieland Wagner le convertiría en un actor-cantante, Windgassen quien no poseía una voz excepcional, si se destacaba por el talento dramático, que se incremento tras 15 años de trabajo con Wieland. Según menciona Spotts, en su historia del Festival de Bayreuth, Wieland odiaba profundamente a los “divos” (así echó de Bayreuth a muchos), no buscaba voces perfectas, sino auténticos camaleones, que abandonaran su cuerpo a favor del personaje a interpretar. Su voz, juvenil, bellísima y portentosa, dominaba el escenario por encima de la imponente orquesta wagneriana, demostrando una resistencia única. Además, sus cualidades musicales se vieron complementadas con sus grandes dotes de actor: como pocos, sabía introducirse en la psicología de sus personajes, conformando así el ideal de cantante descrito por Wagner para sus obras: voz portentosa y firme, gran resistencia y valor interpretativo: en el escenario se transformaba en Sigfrido, Tannhäuser, Lohengrin...Así son antológicos todos sus trabajos para este Festival, lastima que solo haya una muestra en video de este gran interprete: El Tristan con Nilsson en Osaka bajo la dirección de Boulez. La calidad es mala, pero es una de las pocas oportunidades del ver a este gran tenor.


Windgassen y Nilsson como Tristan e Isolda en 1966.


Inolvidable Walther von Stolzing de Windgassen, en Bayreuth 1960.

Windgassen, cantó además Rienzi en Stugartt, en una elegante versión preparada también por Wieland Wagner, que merece la pena oír. Así cumplía con las 11 óperas del repertorio wagneriano, faltándole solo dos para cantar la integral…

Aunque a partir del año 51 comenzó con su meteórica carrera wagneriana, no abandonaría el resto de su repertorio. En su Otello nos da una lección de maestría vocal e interpretativa (gracias a dios está grabada en video), al hacer uno de los “moros” más impresionantes de la historia de la ópera. Su Kaiser en Die Frau ohne Schatten y su Florestan fueron alabados por lo que transmitían, más que por sus cualidades vocales, porque según los espectadores de la época les hacia temblar, nada más salir a escena.

Windgassen dejó de cantar regularmente en 1970, su última grabación fue un Orlofsky para el Murciélago de Böhm en DECCA, por problemas de salud y fue nombrado “General-Intendet” de la Ópera de Stuttgart. A los cuatro años fallecía un 8 de Septiembre de una parada cardiaca.

Aquí os dejo una grabación muy rara de él, es su Frau ohne Schatten en Stuttgartt en 1954.

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R. Strauss
DIE FRAU OHNE SCHATTEN

Der Kaiser: Wolfgang Windgassen
Die Kaiserin: Trude Eipperle
Die Amme: Res Fischer
Barak: Wilhelm Schirp
Die Fäberin: Maria Kinasiewicz (Kinas)
Der Geisterbote: Gustav Neidlinger

Chor und Orchester der Staatsoper Stuttgart
Conductor: Ferdinand Leitner

Live-Recording: Stuttgart, 11. September 1954

Sirva esto de homenaje al gran Wolfgang, uno de los tenores más grandes del siglo XX…

domingo, 26 de agosto de 2007

Heil dir, Ägypten, Isis Heil, Dir unser Land beschützet...

Queridos lectores hoy os voy a ofrecer una cosa rarísima que he “pescado” por Internet. Se trata de un Verdi nada italiano, es más yo diría wagnerianizado… Y ¿Por qué está wagnerianizado? Simplemente porque se canta en alemán, su puesta en escena la firma Wieland Wagner, los cantantes eran habituales de Bayreuth y la dirección musical corría a cargo de Kart Böhm. La grabación es un in-house del 29 de Septiembre de 1961 en la Deutsche Oper de Berlín.

Aunque solo puedo ofreceros el audio, pasaré a hablar de lo más importante de esta AIDA que es sin duda la puesta en escena. Wieland en un intento de escapar de las escenografías de cartón piedra y la caspa Hollywodiense, ideó un plan, Aida no se desarrollaría en el Egipto faraónico, sino en el corazón del África negra. Como muchos artistas recurrió al “primitivismo” -como ya habían hecho Picasso, Mattise o algunos expresionistas- para elaborar toda la escenografía. Del mismo modo que su anillo del 65 sería llevar al límite estas ideas, y recuperar así esquemas como las Venus prehistoricas, ciertos fetiches y totems (como las calaveras de toro en la casa de Hunding). Así creó unas impresionantes moles de piedra –lastima que no tenga scanner para escanearos un par de fotos-, emulando a los graneros de algunas tribus, y a las esculturas faliformes (en las estancias de Amneris hay una de grandes dimensiones para que motive y ayude tanto a la sexualidad como a la descendencia de la princesa) y totémicas de algunas tribus. Lo demás como siempre volvía ser luz, Wieland no quería que AIDA fuese un subproducto romántico y cursi, sino buscar el mismo drama que el Tristán, la noche eterna sobre los dos amantes. La luz era un espejo del alma de los protagonistas, así la muerte no se producía en oscuridad sino en claridad, la claridad que había en los amantes y su sacrificio. Mientras que el final del acto II, con la renuncia de Radames se desarrollaba a oscuras y con luz artificial (antorchas). Wieland afirmaba lo siguiente en una conversación con el escultor Walter Panofsky:

"Lo que yo intenté hacer, viendo este escenario, fue dar a AIDA, el color y la fragancia que está en ella, y no derivada de un museo egipcio, sino de la atmósfera inherente que tiene la obra en si misma. Yo quiero desterrar la falsa representación de Egipto, y la falsa operística monumentalidad de Hollywood y las puestas en escenas tradicionales, y retornar a lo arcaico – lo cual en terminos egiptológicos se dice- la época pre-dinástica. "


Musicalmente esta AIDA se antoja un poquitín rara, porque cuenta con un reparto bastante extraño para oír un Verdi. Por orden de aparición Josef Greindl hace un Ramfis al estilo Hagen o Hunding, altamente imponente que cumple con su obligación. El Radames de Jess Thomas, no tiene nada de italiano, no esperemos oír a un Pippo a la italiana porque no. Es otra concepción, mucho más cerca de Lohengrin o Siegmund, pero que demuestra que también tiene sentimientos. La Aida de Gloria Davy es muy interesante, amen de cumplir la condición de ser negra y poseer un vozarrón impresionante, es buena actriz y se cree mucho el papel, se nota la mano de Wieland detrás…Amneris por Christa Ludwig es una expresión brutal, ahora es una Ortrud pero con algo de sentimientos, vocalmente está increíble. El rey de Tomislav Nerelic, es discreto. Del mensajero y la sacerdotisa interpretados respectivamente por Donald Grobe y Siegliende Wagner, se mueven en la normalidad. Y por último Amonarso es Walter Berry, quien defiende un rol fiero, también más próximo a Telramund que a un Amonarso tradicional. Por último disciplinadisimos los conjuntos estables de la Deutsche Oper de Berlin, bajo las ordenes de Böhm. Éste traza una Aida, muy distinta centrada en una estética mucho más ruda, sin preciosismos encajando fabulosamente con la idea de Wieland, AIDA es un drama prehistórico, en la que los valores universales siguen intactos.

AIDA
Verdi

Deutsche Oper Berlin 29-Sept-1961
Dirigent -- Karl Böhm
Regie—Wieland Wagner

Aida – Gloria Davy
Amneris – Christa Ludwig
Radames – Jess Thomas
Amonasro – Walter Berry
Ramphis – Josef Greindl
König – Tomislav Neralic
Bote – Donald Grobe
Prietsterin – Sieglinde Wagner



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Espero que la disfrutéis tanto como yo porque es una auténtica versión de culto si hablamos de AIDAs, muy poco común y que gracias a Internet ha llegad a nosotros. Y una última nota, el disco primero (75’) va en dos archivos, lo he puesto así porque sé que entre mis lectores hay enemigos del HJSplit. Así todos podremos oirla… Sed buenos y por hoy escuchad Verdi, aunque sea auf deutsch...

sábado, 25 de agosto de 2007

Unos maestros sin Nürnberg y bastante anarquicos...

Queridos lectores, hoy os voy a ofrecer unos Maestros Cantores. Mi último hobbie es recopilar todas las grabaciones de las dos producciones que realizó Wieland Wagner en Bayreuth durante 1956-1961 (primera producción) y 1963-65 (segunda producción). Ya las tengo casi todas (me faltan el 59, el 60 y el 65), la que os pongo hoy es la más transgresora, y corresponde al segundo año de la segunda versión, la grabación está efectuada in-house Bayreuth el 20 de Julio de 1964, aunque el sonido está bastante bien. Wieland se los confío a Böhm quien trazó unos maestros más ligeros que los que había hecho KNA tres años antes.


Para que entendáis la importancia de la producción y lo que produjo os pongo un fragmento del libro de Spotts sobre Bayreuth:

Wieland se encontraba en la cúspide de su madurez artística y totalmente convencido de su misión cuando decidió montar de nuevo los Maestros en 1963. Sí en la versión anterior había maestros pero no aparecía Nuremberg, en esta nueva versión no había ni Nuremberg, ni maestros. La representación nos mostró a Wieland en su talante más ecléctico ya que se inspiró en Shakespeare, Brecht y Bruegel. Introdujo sorprendentes innovaciones; el coro por ejemplo, era ahora un conjunto de individualidades que se movía con la falta de coordinación típica de las multitudes. La producción fue un intento de realismo y al mismo tiempo un ensayo de parodia. Fue sin lugar a dudas de todas las representaciones habidas de la ópera, la más cercana a la vida real del auténtico Nuremberg del siglo dieciséis.
Wieland borró los últimos restos de una aproximación tradicional a la obra. Los tres actos se desarrollaban en el interior de un teatro de la época de Isabel I de Inglaterra, con galerías de madera que rodeaban un escenario y un suelo también de madera. No había ni iglesia, ni escuela de canto, ni calle de Nuremberg, ni zapatería, ni menos una pradera. El taller de Sachs era un puesto de venta ambulante de zapatos y Sachs era mas un poeta desarrapado que un comerciante patricio. Los maestros cantores, según dijo un crítico, parecían “un orfeón de paletos pueblerinos” y los aprendices “sucios golfillos”. La pelea de la noche de San Juan fue un tumulto atroz que concluía con el Sereno tropezando con los cuerpos de los caídos en la pelea. La gran escena festiva en la pradera fue más una manifestación incontrolada de vulgaridad terrena que una ocasión solemne para reverenciar el arte alemán. Nada irritaba más Wieland que la tradicional ceremonia de entrada de los maestros por que le recordaba los desfiles del partido Nazi, por ello, como en su versión anterior de la obra, eliminó el desfile de los gremios. Con su sutil escabechina de las vacas sagradas alemanas esta fue una de las más revolucionarias producciones de Wieland. Desde luego fue la más controvertida y la más abucheada en la historia del Festival.

Además de considerar que “esta vez ha ido demasiado lejos”, los tradicionalistas sospechaban que las intenciones de Wieland eran escandalizar con el único motivo de atraer la atención del público y así vender más localidades. Esta acusación era injusta y enfureció a Wieland sobremanera. Pero a Wieland le gustaba escandalizar y esto formaba parte de sus planes que estaban destinados a obligar a los espectadores a aceptar las óperas de su abuelo de una forma distinta a la tradicional. Por ello cuando estrenó su nuevo Anillo en 1965, las expectativas que suscitó fueron tan altas que la presencia de la crítica fue la más nutrida en un acontecimiento musical después de la guerra a excepción, posiblemente, de la reapertura de la Wiener Staatsoper diez años antes.
(Spotts, Frederic: Bayreuth: una historia del Festival Wagner Yale University Press. New Haven and London, 1994)


La versión musicalmente hablando como había dicho está encabezada por Karl Böhm quien traza unos maestros interesantes, huyendo de la solemnidad que caracterizaba a Kna o Fürtwangler, y enmarcandose en el trazo de Cluytens y en la orbita anti-nacionalista de Wieland. Son unos maestros pordioseros y groseros como el pueblo de Nürnberg, no hay nada de solemne en los artesanos. Sachs está encomendado a Josef Greindl, zapatero remendón clásico en el festival desde que abandonara tras la premiere Hotter el papel y tras la intentona poco gratificante de Neidlinger en el 59. Walther es en esta ocasión Szandor Konya, gran tenor hungaro y considerado uno de los mejores líricos wagnerianos de todos los tiempos, gran elegancia y una voz purísima, pero sin llegar al nivelazo actoral de Wolfgang Windgassen en el 56, 60, 61 y 63. David corre a cargo de Erwin Wohlfahrt magnífico histrion, aunque el recuerdo de Stolze en la primera producción de Wieland es inevitable. Beckmesser es Carlos Alexander, quizás le falta un poco de bis cómica, pero lo que es cantar lo cumple. La “ñoña” de Eva corre a cargo de Anja Silja, prometedora soprano todoterreno entonces, que ya había sorprendido debutando Senta a los 20 años y grabando con 22 uno de los Tannhäuser de referencias sustituyendo a Victoria de los Angeles. Aquí Eva no es tan tonta, sino que posee la picaresca que le aporta el rol por la gracia de Wieland Wagner. Unos secundarios de lujos entre los que se cuentan el Eisslinger de Gunther Treptow, el Nachtigall de Gerd Nienstedt o el Ortel de Zoltan Kelemen. Los “Pitzianer” están gloriosos y anarquicos como pedía Wieland. Otra de esas noches para haberlas visto “in-situ”.

Meistersinger, Bayreuth
July 20, 1964:

Sachs: Josef Greindl
Pogner: Kurt Böhme
Kothner: Gustav Neidlinger
Beckmesser: Carlos Alexander
Nachtigall: Gerd Nienstedt
Zorn: Stefan Schwer
Vogelgesang: Ticho Parly
Eisslinger: Gunther Treptow
Moser: Hermann Winkler
Ortel: Zoltan Kelemen
Schwartz: Fritz Linke
Foltz: Ralph Telasko
Stolzing: Sandor Konya
David: Erwin Wohlfahrt
Eva: Anja Silja
Magdalene: Ruth Hesse
Nachtwächter: Heinz Hagenau

Bayreuther Festspiele

Karl Bohm

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Espero que los disfruteís tanto como yo y ya sabeís,sed buenos, bajaros mucha música y a escuchar mucha, mucha ópera, ah y mañana habrá más…

viernes, 17 de agosto de 2007

Wie schön ist di prinzessin Salome, heute nacht...

Queridos lectores, por petición del cónsul Sharpless, hoy pongo un operón con repartazo. Salome en Viena de 1965 con Stolze, Wächter, Varnay, Silja y el Narraboth de Wunderlich.

Una autentica versión para ALUCINAR. La producción la completaba Wieland Wagner que hizo en su habitual minimalismo una Salome digna de ser recordada. Con los mejores cantantes-actores del momento, la producción levantaba el telón con un secundario de lujo Wunderlich, poco antes de su muerte a los con 35 años cantaba, Narraboth con un lirismo apabullante. Margarita Lilowa le respondía apesumbrada por el brillo de la luna. Y es ahí cuando aparecía la guapísima Silja de veinticinco años, medio desnuda, tan solo cubierta por un manto negro para seducir al elegante Wächter como Jokannan. La voz de la Silja (a pesar de haber cantado en Bayreuth durante 5 años) conserva aun un toque blanco, como de adolescente, sin ningún vibrato, lo que potencia la idea de Wieland de presentar a Salome como una “lolita” que ésta vez poco puede hacer con un hombre con la integridad moral de Jokaanan. Pero rechazada por éste corría hacía la fiesta de su madre, interpretada por la gran Varnay, la perfecta Herodias porque fue Salome tiempo atrás y que ahora se estremecía con la voz de Jokanaan. Su padrastro era el gran Stolze haciendo uno de sus personalidades, el débil Herodes lascivo y temeroso que acaba entregado a la locura más profunda rompiéndosele la voz al contemplar la terrible escena final. El poder de su interpretación dejar atónito a cualquiera, no interpreta a Herodes, solo ES Herodes. Dirige sin pena ni gloria Ferenc Kosler a la obediente orquesta de la ópera de Viena.

Sin duda debería de haber un video de esa producción, para ver como realizó todo Wieland, solo con luz y un velo, amen del repartazo de sus fieles, todos sus fieles en escena…

Aquí van los datos y el link:

Salome - Richard Strauss


Herodes Gerhard Stolze
Herodias Astrid Varnay
Salome Anja Silja
Jochanaan Eberhard Wächter
Narraboth Fritz Wunderlich
Ein page der Herodias Margarita Lilowa
Erster jude Murray Dickie
Zweiter jude Heinz Zednik
Dritter jude Kurt Equiluz
Vierter jude Karl Terkal
Fünfter jude Herbert Lackner
Erster nazarener Gerd Nienstedt
Zweiter nazarener Robert Kerns
Erster soldat Tugomir Franc
Zweiter soldat Ljubomir Pantscheff
Ein kappadozier Hans Christian Borchmann
Ein sklave Laurence Dutoit


Wiener Staatsopernchor
Wiener Staatsoper Orchester

Ferenc Kosler
(25-11-1965)

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Espero que lo disfrutéis, pues es una versión -como dije anteriormente- para alucinar, empezando por el reparto que se ofrece. Tengo que decir que vocalmente para mi Salome es Caballé, pero su grabación para RCA con Leissendorf se tambalea delante de ésta, porque los acompañantes de Dña. Montserrat no dan la talla. Aquí está todo más compensado, se busca otra visión, es un made by Wieland y eso siempre se nota, nadie sobresale, todos van a una. Sed buenos, oíd la versión y recordad: Wie schön ist di prinzessin Salome, heute nacht...

martes, 7 de agosto de 2007

WIELAND WAGNER: El hombre que pintaba con luz...

Queridos lectores hoy le dedico el post a uno de mis ídolos culturales (que tengo unos cuantos...). Este en concreto supone un punto de inflexión muy importante en la historia de la ópera porque fue el primer en profanar el sacrosanto teatro de Bayreuth y con ello logró algunos de los momentos que en un futuro no muy lejano muchos recordaran como Wagner en estado puro.



Wieland fue el mayor de los hijos de Siegfried y con creces el más inteligente de todos. Capricornio de signo (como un servidor) y por tanto un hombre al que los obstaculos no le asustaban, frio, ambicioso y con un caracter indestructible, creció en el ambiente wagneriano del Wahnnfried, donde trabajo como asistente de dirección, escenografo y figurinista desde 1937 con Parsifal hasta su muerte en 1966. Debutó con apenas 19 años recien cumplidos con la ópera de su padre Der Bärenhäuter y desde entonces fue habitual de los teatros de Nürnberg, Altenburg y Düsseldorf, hasta el final de la guerra. Su pasado se manchó por la presencia de Hitler en Bayreuth, pero consta -en el interesentisimo libro de Gottfried Wagner, hijo menor de Wolfgang "Quien no ahulla con el lobo"- que más que con Wieland fue con Wolfgang, a quien le fue concedida la cruz de hierro.

Pasada la guerra Wieland, comenzó un trabajo tremendo reconstruir el Festival denostado por el nazismo y dar un nuevo aire a las producciones. Así y ante la falta de medios se sumió en el regietheater y en un nuevo lenguaje escenográfico que prescindía de todo componente antiguo, solo un ciclorama y gran cantidad de luces... Y así en 1951 subía a escena Parsifal y El Anillo, en un escenario desnudo, con unas Walkirias sin alas y con lo justo. Aun así la escena de los adioses de Wotan lograba enternecer a cualquiera, en un escenario vacio solo la luz roja y negra de los focos, con Brunnhilde tumbada y Wotan cantando el final a contraluz. Esa imagen se repetiría en el resto de los anillos que firmaría, incluso posterior a su muerte. O los maestros sin Nürnberg con los qeu se llevó una sonora pitada... Wieland se fijó mucho más en la gestualidad, en la disposición escénica del cantante, en hacer creer al público que era realidad ese momento... Y lo consiguio. Sus montajes están calificados de los mejores del siglo XX y siempre ahorrando en elementos. Pero lo cierto es que los fichajes Bayreuthianos fueron de excepción Windgassen, Varnay, Nilsson o Hotter fueron los cantantes que durante la era Wieland pasearon por el Festspielhaus. Pero la historia no tuvo un final feliz, tras un tórrido romance con la bellisima Anja Silja (y quien no lo hubiera tenido tras ver fotos de la Salome que Wieland dirigió en Viena), Wieland moría de cancer en Octubre 1966, justo despues de haber estrenado el anillo que lo hizo entrar en la leyenda y que grabaría la Phillips. Tras su muerte Wolfgang se encargó de hacer limpieza, y quemó los trajes y el ciclorama trás el Festspielhaus, una pena, así por fín se vengaba del hermano que siempre le había tapado intelectualmente, y así empezaba el OCASO de Bayreuth...







De Wieland se conservan pocas cosas (la lógica censura Wolfgang), solamente unas imagenes en el NO-DO de cuando Bayreuth vino a Barcelona, pero que aun no he podido ver. El Festival de Osaka, que tengo integro y que es uno de los DVDs que tienen más valor en mi colección. Un Tristan con Windgassen, Nilsson, Hotter y Boulez, y una Walkiria con Adam, Silja, Derschner y Schippers. Amen de 3 minutos de documental con Wieland dando ordenes a Prey.

Aqui os dejo fragmentos:






Fragmento de final de Götterdämmerung





Ensayos de Tannhäuser y final de Maestros Cantores (1960)





Comienzo del Acto II de la Walkiria (1967)





Acto III de Tristan (1967)

Espero que os haya gustado, y ojala se recuperara alguna regie de este gran señor de la escena, porque es una pena que los más jovenes no hayamos visto en un teatro algo así, alguien me dijo que era simplemente indescriptible... Y así os dejo por hoy, hasta mañana y no le hagais mucho caso a Sonnam...