domingo, 7 de octubre de 2007

Qu'allons-nous dire à Golaud s'il demande où il est? La vérité, la vérité…

Queridos lectores, por petición del amigo Windgassen, ahí va el Pelleas et Melisande que dirigió Claudio Abbado en Viena con Maria Swing y el fabuloso barítono francés François LeRoux. Una versión, que quizás no tiene la transparencia del genial Boulez, pero que mantiene un gran nivel estético…

Pelléas et Mélisande es una obra encuadrada dentro del simbolismo y así busca expresar aspectos de la realidad que no son evidentes. En lugar de representar los aspectos superficiales de la experiencia humana como haría el realismo, el simbolismo se concentra en las impresiones que transmiten estas experiencias y las emociones subliminales que liberan. Un movimiento que indudablemente es propio del convulso final del XIX y principios del XX. De acuerdo a las máximas de este movimiento, esta obra evita en todo momento la grandilocuencia y en su lugar se crea una atmósfera íntima, de duda, anhelo y misterio. En lugar de centrarse en los acontecimientos más importantes de la historia, se despliegan situaciones cotidianas aparentemente intrascendentes, que a través de su alto contenido simbólico revelan la realidad que subyace en el interior de la trama. Abundan las correspondencias simbólicas, que ya están presentes en la obra de Maeterlink. Por ejemplo, Mélisande pierde su anillo en la fuente a la misma hora que Golaud cae del caballo, como un presagio de la tragedia que se avecina. Al final de esta escena, cuando Mélisande le pregunta a Pelléas qué decirle a Golaud respecto del anillo, Pelléas sólo responde “la verdad, la verdad”. Son las últimas palabras de la escena, que dejan resonando la idea que debiera decirle la verdad y que esta verdad se refiere a una realidad más profunda, que es el amor naciente entre ambos. Significativamente, en la última escena de la ópera, Golaud le reclama a Mélisande en su lecho de muerte que le diga “la verdad”. Otra referencia simbólica se presenta en el cuarto acto, cuando Yiold ve pasar las ovejas, y el pastor le dice que no van al redil. Lo que se sugiere es que las ovejas van al matadero. Todo esto acontece mientras anochece, y preanuncia el destino al que inexorablemente se acerca Mélisande y Pelléas. A lo largo del texto hay reiteradas alusiones a la luz y la sombra, elementos cargados de un fuerte significado simbólico, desde tiempos inmemoriales. La ópera carece de personajes protagonistas, buenos y malos desde el punto de vista de la dramaturgia tradicional. Así como se fomenta el uso de momentos “cortos”, como flashes o momentos de sueñom en contraposición a la dramaturgia wagneriana de la obra eterna.

Musicalmente esta obra se caracteriza por poseer un estilo de declamación lírica en el que se valoriza el texto, y se busca su máxima comprensibilidad, anticipando sobre manera el sprechgesang bergiano. Por eso, salvo algunos momentos del dúo de amor del Acto IV, no hay superposiciones en las voces. La orquesta no es estridente, y permite en todo momento a los cantantes desplegar claramente el texto, en una tesitura central, lo cual marca especialmente al protagonista, encomendado a un “baryton Martin”, un barítono sin graves y joven. Debussy pensaba que la música comienza cuando la palabra pierde poder y capacidad de expresión. Por eso, los personajes declaman el texto y es el acompañamiento musical el que subraya el contenido emocional de cada situación. Los leitmotiv aparecen siempre en el acompañamiento orquestal y nunca en el canto. Abundan los temas basados en la escala de tonos enteros, y en la escala pentatónica. La luz y la sombra están delineadas musicalmente a través de sendas tonalidades, fa sostenido y do respectivamente. Uno de los motivos principales es el tema de Golaud. Formado solamente por dos notas (re-mi) aparece frecuentemente con distintas variaciones y en general en el registro grave de la orquesta, ya sea cuerdas o vientos, lo que le da un carácter sombrío. Su omnipresencia parece indicar que Golaud simboliza la fuerza que fatalmente se interpone entre los amantes y por eso tiene tanto peso en la música, aún más que los motivos de Pelléas y Mélisande.

Una curiosidad es que la obra suscitó la oposición furibunda de una parte de la crítica y de algunos compositores académicos —como Camille Saint-Saëns, Vincent d'Indy, Théodore Dubois— y la admiración de un grupo de artistas amigos y de parte del público que, progresivamente y tras sucesivas representaciones, acabaron por aceptarla. La incomprensión no empaño el éxito: "Pélléastras" y "contrapuntistas" se enfrentaron. D'Indy escribió lo siguiente:

Esta música no vivirá porque no tiene formas.

Pues D’Indy cayó en el olvido, mientras que la ópera de Debussy sería profundamente recordada y admirada, por la fuerza de su música…
Claude Debussy
Pelléas et Mélisande

Pelléas François Le Roux
Mélisande Maria Ewing
Golaud José van Dam
Arkel Jean-Philippe Courtis
Yniold Patricia Pace
Geneviève Christa Ludwig
Le Berger Jean-Philippe Courtis
Un Médecin Rudolf Mazzola

Wiener Staatsopernchor
Wiener Philharmoniker
Claudio Abbado
(1990)

http://rapidshare.com/files/60640386/Debussy-_Pell_as_et_M_lisande_Disc_1.rar.html
http://rapidshare.com/files/60646446/Debussy-_Pell_as_et_M_lisande_Disc_2.rar.html

A disfrutar con una obra tan sublime como el Pelleas, hoy domingo… Y lo más importante a portarse bien y no hacerle caso al Sonnam, que dice muchas barbaridades, juas, juas, juas…

4 comentarios:

Arturo dijo...

Encantado con los enlaces, esta ópera me gusta mucho.
Gracias Arsace.

Para mí no hay Golaud como Souzay.

Agatarco dijo...

jejeejee

me encanta!!! gracias

Nina dijo...

Muchas gracias por los enlaces, me la voy a descargar ahora mismo...

manotas dijo...

hola amigo, al descomprimir el disco 1 aparece corrupto la pista 8, le ruego por favor corrija esto.

muchisimas gracias