Mostrando entradas con la etiqueta Wilde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Wilde. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de marzo de 2008

Salome, komm, iß mit mir von diese Früchten. (y seguimos con Salome, 3)

Queridos lectores, lo prometido es deuda así que vamos con ello, será sin duda un artículo largo. Además ya os había dicho que a mi esta escena me resulta la mejor con diferencia de toda Salome… Se que esto vuelve a ser una opinión extremadamente heterodoxa y provocadora, porque habrá quien piense que lo mejor la danza de los siete velos o el final de “besar en la boca al Bautista”, pero a mi no me parecen nada comparado con la que os propongo.

La escena comienza totalmente convulsa, tras encontrarse Herodes con el cadáver de Narraboth. El desprecio es la primera sensación que le inunda, pero después el frío y el miedo se suceden, quitándole importancia Herodias, quien dice que la verdad es que Herodes está enfermo. Este le dice que no y advierte que es su hija la que realmente está enferma (=>Ich bin nicht krank. Aber deine Tochter ist krank zu Tode.), pero enferma de muerte, debido a su extremada palidez y su actitud totalmente pasiva. Al espectador que ha presenciado los cuarenta minutos de representación anteriores sabrá por qué, el Bautista ha rechazado a Salome, culpabilizando sobre ella y su madre una actitud lujuriosa y pecaminosa, tan lejana de él, de “castrar” todo tipo de impulsos físico y psicológicos. Y la negativa ante el impulso de Salome, ha provocado en ella un desasosiego que ha logrado desestabilizarla. Para Jokaanan –que no entiende los impulsos de una adolescente- se trata de una pecadora, que debe de ser condenada, pero una visión más neutral nos revelaría que Salome no es tan culpable, sino desde el contexto necio y puritano donde se ha criado, es más atrevería ver que Salome no es más que una victima de ese pretendido afán de pureza, que vive en un hastío diario de erotismo y lujuria satisfecha, haciendo que busque sensaciones muchísimo más fuerte. La agresividad de un santo como Jokaanan, no es más que la prepotencia del hombre moderno, del proyecto “aufklärer”, ante los instintos. Cierto es que desde una visión Kierkeggardiana se nos rechazaría de pleno la posibilidad de “realización” y la posibilidad de “libertad”, aunque yo me atrevo a augurar que en el contexto en el cual se desarrolla la obra aun es más difícil intentar coartar las pasiones, en pos de una santidad mediocre basada en un ascetismo plano y desértico.




Pero ella no es la única que sucumbe a esto, y es que aquí es donde entra en juego Herodes. Este le ofrece por tres veces, tres posibilidades o mejor tres fetiches con los que ejercer un poder bastante grande:

1) Vino del Cesar => Los Labios.
2) Fruta exótica => La mordida, la violencia.
3) El trono de Judea => La corporalidad en todo su amplísimo esplendor.

No es extraño hablar que en Herodes podemos percibir un intensísimo fetichismo basado en la figura de Salome. Es más el mismísimo Herodes, por su formación Helenística, seguramente habría desarrollado un gran gusto por todo tipo de fetiche, por ejemplo la LUNA (=>Verbergt den Mond, verbergt die Sterne! Es wird Schreckliches geschehn.) y su obsesión por apagarla, como para quitar un espía o un observador de su culpabilidad. Esto no es más que una reminiscencia a Diana, la diosa romana de la caza, que era el emblema de la castidad, todo lo contrario que sucede en el palacio de Herodes.

Y dentro de la escena que nos ocupa y volviendo al tema del fetiche, analizaré ahora el primer ofrecimiento de Herodes a Salome:

Traedme vino!

Salomé, ven y bebe conmigo,
es un vino exquisito.
El propio César me lo ha enviado.

Moja en él tus pequeños labios,
tus pequeños labios rojos,
luego, yo vaciaré la copa.



Herodes incita a Salome, a beber un vino carísimo y exclusivo, un vino que el mismísimo Tiberio le ha regalado. Seguramente eleva de categoría social de hijastra a posible amante, es decir a la posición de la madre. La parte erótica del ofrecimiento llega cuando hace mención al aspecto corporal. Hay que señalar que todos los privilegios de Herodes tienen una doble estructura basada en un primer nucleo con un argumento ad-autoritatem sobre cosas exclusivas, y un segundo núcleo basado el aspecto erótico-corporal-fetichista. De hecho en este primer ofrecimiento encontramos como Herodes se recrea diciendo que moje sus pequeños labios rojos, que tan solo los moje y nos damos levemente cuenta que se trata de incitarla a que lo bese indirectamente, ya que ellos al compartir la misma copa, en el mismo momento y en el mismo lugar, tiene una altísima carga erótica sobre todo para un fetichista como Herodes… Ante esto, la princesa sigue totalmente fascinada por lo prohibido que alimenta su morbosa curiosidad, y niega su deseo al Tetrarca (=>Ich bin nicht durstig, Tetrarch.). Y además Herodias se da cuenta de su perdida y rerimina al Tetrarca las miradas hacia su hija (=>Warum starrst du sie immer an?), pero Herodes hace caso omiso y contrataataca con esto:

¡Traed frutas maduras!

Salomé, ven y come conmigo
de estas frutas.

Es tan agradable la huella
de tus pequeños dientes blancos
en una fruta.
Muerde sólo un poco,
sólo un poco, de esta fruta,
luego, yo comeré lo que quede.


Herodes incrementa aun más su carga erótica y fetichista, con el gesto de morder. Beber no implica violencia, sino dulzura de una adolescente cuidadosa, sin embargo morder si que la implica. Para un contexto abrahamico –ya sea judaísmo, cristianismo o afines- el morder va unido con el pecado original y a un aspecto fetichista, el del desvelamiento de la sexualidad. El morder que para el contexto en el que no estamos moviendo indujo la caída. La fruta representa la tentación, a lo que el ensimismamiento de Salome responde que no. Pero tenemos que ver que esto deviene del puritanismo que hablábamos anteriormente, así se niega el deseo a las mujeres porque en su cuerpo se aloja el alma de Eva. Pervierte el simbolismo de lo femenino y cambia el paradigma del eterno Paraíso, por la expulsión al abismo y la maldición de arrastrar la culpa del pecado original. Así podemos ver que el momento en que aparece la fruta vemos el momento de transito entre la niña y la mujer, el paso del ente asexuado y el erótico, y el momento en que modería la fruta, se puede interpretar como el descubrimiento de la sexualidad en sí, que viene acompañado de una pseudo-muerte, que tiene mucho que ver con el concepto griego de "Eros" y "Todestrieb", deseo y muerte unidos en el símbolo de morder una fruta, escena que se identifica estrechamente con la expulsión de paraíso. Eso es lo que lleva al final que sufre Salome, la muerte… Ahora podemos ver como todo se interrelaciona, no vemos la gratuidad en ningún momento. La princesa responde con un no tengo hombre (=>Ich bin nicht hungrig, Tetrarch.), el Tetrarca ante sus tentaciones se desespera y añade a Herodias que su hija esta mal educada (=>Du siehst, wie du diese deine Tochter erzogen hast!) -cuando realmente sigue ensimismada- y le responde Herodias enfadada, con una falsa moralina que ellas provienen de estirpe real (=>Meine Tochter und ich stammen aus königlichem Blut). Ante esto la última aseveración del monarca es:

Salomé, ven y siéntate a mi lado.
Yo quiero que te sientes
en el trono de tu madre.


Herodes, ya hace explicito su deseo por toda la corporalidad de la princesa, después de haber ofrecido la exclusividad del vino y el paso desde la infancia asexuada hacia lo erótico a través de morder la fruta, que simbolizaba el poder. El trono es el poder terrenal de Herodes, es el ofrecer anular a su esposa por la juventud erotizada de Salome. Herodes llega al máximo fetichismo deseando, que al ocupar ese trono ocupe también su lecho. Al tenerla en el trono, significaría una posesión personal sobre ella. Herodes habría pasado de tener el fetiche de sus labio, de su poder sexual a través de la mordida a convertirla en un objeto más de su reino, así conseguiría desubjetivizarla, es una estructura realmente interesante. Pero ella que no ha deseado en ningún momento a Herodes, ni su poder -esto es muy importante- y por ende lo vuelve a rechazar por tercera vez (=>Ich bin nicht müde, Tetrarch), de hecho ella lo interpreta como cansancio y no como poder.




El “acoso” de Herodes se detendrá por la recriminación del Bautista, pero retornará después, pasando a una manifestación más erótica que las que hemos visto, más erótica que la posesión del cuerpo, como es la “danza”, mucho más insinuante, y sobre todo un medio mágico para alcanzar cualquier cosa… Pero este es otro tema, que otro día abordaré.

Gracias por aguantar el rollo, y espero que os haya gustado. Mañana más…

jueves, 27 de marzo de 2008

Salome, komm, trink Wein mit mir, einen köstlichen Wein. Cäsar selbst hat ihn mir geschickt (seguimos con Salome, 2)





HERODES
Ich bin nicht krank.
Aber deine Tochter 
ist krank zu Tode.
Niemals hab' ich sie so blaß gesehn.

HERODIAS
Ich habe dir gesagt, 
du sollst sie nicht ansehn.

HERODES
Schenkt mir Wein ein!
Salome, komm, trink Wein mit mir,
einen köstlichen Wein.
Cäsar selbst hat ihn mir geschickt.
Tauche deine kleinen Lippen hinein,
deine kleinen roten Lippen,
dann will ich den Becher leeren.

SALOME
Ich bin nicht durstig, Tetrarch.

HERODES
(zu Herodias)
Hörst du, wie sie mir antwortet,
diese deine Tochter?

HERODIAS
Sie hat recht.
Warum starrst du sie immer an?

HERODES
Bringt reife Früchte!
Salome, komm, iß mit mir von 
diese Früchten.
Den Abdruck deiner kleinen 
weißen Zähne
in einer Frucht seh' ich so gern.
Beiß nur ein wenig ab,
nur ein wenig von dieser Frucht,
dann will ich essen, was übrig ist.

SALOME
Ich bin nicht hungrig, Tetrarch.

HERODES
(zu Herodias)
Du siehst, wie du diese 
deine Tochter erzogen hast!

HERODIAS
Meine Tochter und ich stammen
aus königlichem Blut.
Dein Vater war Kameeltreiber,
dein Vater war ein Dieb
und ein Räuber oben drein.

HERODES
Salome, komm, setz dich zu mir.
Du sollst auf dem Thron
deiner Mutter sitzen.

SALOME
Ich bin nicht müde, Tetrarch.

HERODIAS
Du siehst, wie sie dich achtet.

HERODES
Bringt mir... was wünsche ich denn?
Ich habe es vergessen.
Ah! Ah! Ich erinnre mich.

DIE STIMME VON JOKANAAN
Sieh', die Zeit ist gekommen,
der Tag von dem ich sprach, ist da.

HERODIAS
Heiss' ihn schweigen!
Dieser Mensch beschimpft mich!

HERODES
Er hat nichts gegen dich gesagt.
Überdies ist er 
ein sehr großer Prophet.

--------------------------------------------------------------

Queridos lectores, hoy toca el video del fragmento y el texto en la traducción alemana de Hedwig Lachmann destinada a la ópera de R. Strauss, que es la que toca esta semana. Mañana pondré la traducción al español y los comentarios que le dedico a este fragmento, mi preferido. Una interpretación muy particular de las intervenciones de Herodes.

Para complementar el video os diré que los cantantes son Inga Nielsen como Salome, Heinz Zednik es Herodes, Monte Pederson es Jokanaan y Lilliana Bizineche Elsinger es Herodias. Todo realizado en Nápoles en el año 1999 y dirigido por Gustav Kuhn.

Mañana más, así que permanezcan atentos a sus monitores...