sábado, 17 de noviembre de 2007

Ein tag mit Mackie Messer...

Queridos lectores, hoy pongo otra ópera brechtiana (ya solo me falta pasarte Silbersee) dedicada a Luis. Se trata de una de las joyas de los años 20, DIE DREIGROSCHENOPER (La ópera de los tres peniques), basada en la The Beggars Opera, del dramaturgo inglés John Gay -que por cierto hizo la puñeta a Händel-. Estrenada en Berlín en 1928, no sólo fue el mayor éxito teatral de Bertolt Brecht sino que implicó una ruptura definitiva con la estética tradicional romántica y representó el inicio de un teatro alternativo que, en lo musical, inició el camino hacia la actual comedia musical de Broadway.

Contrariamente a lo imperante hasta entonces, Bertolt Brecht propone un teatro que logre el “alejamiento” del espectador para que, en lugar de involucrarse emocionalmente, pueda pensar. Elabora así la teoría del teatro épico con reglas destinadas a recordarnos en todo momento, mediante distintos artificios, que estamos presenciando un espectáculo. El teatro adquiere entonces un carácter crítico al servicio de la acción revolucionaria.

La ópera de los tres peniques es un claro ejemplo de esta nueva concepción teatral e ilustra claramente las distintas técnicas propuestas por el escritor alemán: “La historia debe narrarse en escenas, en cuadros fragmentados, que impidan una totalidad orgánica”.



Kurt Weill y Bertolt Brecht conciben la obra en cuadros cerrados en que los actos no se continúan musicalmente a partir de un leit motiv —melodía asociada a un personaje o situación que se repite a lo largo de toda la obra, como en el drama wagneriano— sino que se suceden a la manera de canciones. Así Brecht nos dice: “La acción debe interrumpirse constantemente y es controlada por la presencia de un intermediario, el narrador, que toma distancia de la historia y la comenta”.

En La ópera de los tres peniques hay un narrador ajeno a la acción, que introduce de manera hablada muchas de las escenas de la obra. En su voz se encuentra, paradójicamente, la canción más famosa de la ópera, “Morität von Mackie Messer” (la balada de “Mackie Navaja”), agregada a último momento ante las protestas del narrador, que se quejaba de tener poca participación.



El ritmo sincopado, intrínsecamente ligado al jazz e incorporado por Kurt Weill en sus composiciones, se construye a partir de sucesiones de notas a contratiempo. La utilización de un nuevo sonido y ritmo, hizo de esta ópera una obra más contemporánea y accesible al público en general, y allanaba el terreno para “Krenek y su Johhny Spielt auf”.

Otro de los elementos capitales era la puesta en escena. La escenografía del estreno, sin llegar a ser abstracta, era de una gran simpleza. Cruzaba el escenario una soga de la que colgaba una cortina de lino y había dos pantallas en las que se proyectaban slogans que anunciaban cada nueva escena, otro de los recursos utilizados por Brecht para fragmentar la acción en sus obras. Los atuendos, eran pobres y destrozados; y con maquillaje grotesco.



Ante estas situaciones, aparecen una serie de personajes de lo más marginales, tales como “Mackie Navaja”, líder de los bandidos, que toma en la historia el lugar habitual del héroe; Polly, hija del jefe de un estafador de mendigos, enamorada de Mackie; Brown, un policía corrupto; y Jenny, prostituta y antigua pareja del “héroe” de la historia. Al margen de la crítica al capitalismo, cuyas mayores miserias se encarnan en cada uno de ellos, Brecht y Weill no tienen problema en encarar temas como la violencia el aborto, la prostitución todos presentes en la “Balada del Chulo” (o proxeneta).

A pesar de que fue puesta en escena al menos veinticinco veces en Alemania, La ópera de los tres peniques no tuvo acogida en otros países hasta mucho tiempo después. Esta obra eterna, prohibida por los Nazis —quienes acusaron a sus autores de “degenerados”— sigue siendo hoy tan actual como entonces. Lotte Lenya, esposa de Kurt Weill —y Jenny, la prostituta, en el estreno mundial—, explica el motivo en pocas palabras cuando, hacia mitad del siglo pasado, declara que “La ópera de los tres peniques” seguirá viva durante muchos años, porque trata acerca de la corrupción y la pobreza; y eso aún –fijaos en el caso Malaya- no ha cambiado desde los años 30.

La grabación es un clásico y cuenta con 3 cantantes wagnerianos (Kollo, Dernesch y Reichman), dos divas extratemporales (Milva y Lemper), un especialista en Entartete Musik ( Mauceri). A mi juicio una de la más interesantes…

Die Dreigroschenoper
Kurt Weill

Street Singer Rolf Boysen
Macheath Rene Kollo
J.J. Peachum Mario Adorf
Mrs. Peachum Helga Dernesch
Polly Peachum Ute Lemper
Tiger Brown Wolfgang Reichmann
Lucy Brown Susanne Temper
Jenny Milva
Orquesta RIAS de Berlín
John Mauceri

http://rapidshare.com/files/70330326/Kurt_Weill-The_Threepenny_Opera-Ute_Lemper__Rene_Kollo__Milva.rar.html

Sed buenos, escuchad mucho Weill, a disfrutarlo, y ya me contareis… Mañana supongo que vendrá Poppea, futura emperatriz romana, juas, juas, juas

2 comentarios:

Luis Felip dijo...

Muy amable, "amigo de Israel". En fin, me callo, no vaya a tener problemas con el recaudador de prepucios (también conocido por "todorrencoroso").

Arsace dijo...

Jajaja, que capullo... Buahh porque haya puesto un par de banners favorables al Estado de Israel. Pero esto ya lo debatiremos en clase. Bueno ya solo me falta subirte Der Silbersee...

A ver si la semana que viene, te subo Silbersee y den paso alguan operita de Krenek. Ahh y que sepas que ya he empezado a currar en lo de la ULEX, ya verás, como quedarás...